La última batalla


Chaleco Antifragmentos
10 abril 2009, 10:42
Filed under: Equipo y Condecoraciones | Etiquetas: ,

Los chalecos antifragmentos están presentes en la práctica totalidad de los Ejércitos actuales, y gracias a la introducción de planchas cerámicas y nuevos materiales, ofrecen cada vez mayores niveles de protección.

Para diseñar estos elementos de protección personal es fundamental que el material empleado cuente con una gran resistencia balística (alta capacidad de soportar impactos) y que sea ligero y cómodo. Es sumamente importante que la deformación que sufra tras recibir un impacto no dañe al soldado que lo porta.

Este es el motivo por el cual no es convenLos ciente usar en su fabricación planchas pequeñas, ya que la energía cinética que asume una masa pequeña, trasmite una gran velocidad de desplazamiento, haciendo que la plancha penetre en el cuerpo del soldado y le origine graves heridas.

Ya en la antigüedad se usaba como protección todo tipo de materiales: cuero, madera, malla y en mayor medida placas metálicas.

Sin embargo a partir del S.XVII y con el perfeccionamiento de las armas de fuego, las protecciones dejaron de utilizarse, ya que éstas resultaban cada vez más gruesas y pesadas.

Durante la Guerra de Secesión americana éste elemento volvió a aparecer en forma de planchas pectorales. Hay fuentes que afirman que los chalecos eran comprados de forma individual por los soldados de la Unión a los vendedores ambulantes que recorrían los campos de batalla. Estaban formados por planchas metálicas muy pesadas que soportaban un impacto de un calibre .45 a 3m, pero su uso era terriblemente incómodo y sus usuarios eran objeto de continuas bromas por parte del resto de los soldados.

En la WWI y con el fin de que los soldados se protegieran en las trincheras de la metralla producida por morteros, ametralladoras y proyectiles rompedores de artillería, se volvieron a utilizar. En aquellas lamentables condiciones higiénicas era relativamente fácil morir a causa de las infecciones contraídas a causa de las heridas.
En el Ejercito Francés, el General Adrian diseñó una placa protectora que fracasó debido a su incomodidad.

Los alemanes fabricaron 50.000 protectores llamados Infanterie-Panzer. Se dispuso de dos modelos, uno de 10 y otro de 11 Kgr. Eran usados por centinelas, personal de ametralladoras y sobre todo, por los zapadores.

Los británicos usaron muchas protecciones. La más utilizada fue el Dayfield (20.000 unidades), formada por dos placas separadas que protegían el pecho y el cuello. En general, y debido a su excesivo peso, no fueron muy populares.

Desde la finalización de la WWI no hubo avances en el diseño de los chalecos antifragmentos hasta que las tropas británicas fueron evacuadas de Dunkerque. Fue entonces cuando el Ejército Británico empezó a estudiar las heridas de sus hombres para que basándose en ellas, sus equipos de investigación desarrollaran nuevos prototipos.

De esos estudios surgió el MRC Body Armour, que estaba formado por tres planchas de 1mm unidas por correas y que protegían pecho, abdomen y espalda.
El Ejército Americano también probó el MRC y concluyó que además de ser demasiado caro para que lo usara la infantería, el peso disminuía la eficacia de sus hombres en combate (se utilizó no obstante en Market Garden). Por ese motivo se acordó que fuera usado únicamente por las tripulaciones y los pilotos de las Fuerzas Aéreas, a los cuales el portarlo y el peso apenas afectaba para que desarrollaran sus operaciones de forma totalmente normal, y así además se paliaban las bajas debidas al fuego antiaéreo.
El Army Ordnance Department y varias instituciones civiles lanzaron unos 23 tipos de chalecos para el personal de las Fuerzas Aéreas, y fue usado por tripulaciones y pilotos de bombarderos como los B-17, B-24, B-25 y B-26.

En 1943 y tras los resultados satisfactorios de estas prendas entre los aviadores, se iniciaron las investigaciones encaminadas a buscar materiales no metálicos y combinarlos para un chaleco que fuera usado por las tropas terrestres. Se cotejaron datos de las 57 Divisiones norteamericanas y al comprobar que el 95% de los heridos eran soldados que combatían a pie y que representaban sólo en 68% del total, se aceleró la propuesta.
Fruto de estos estudios surgió un material denominado Doron, formado por capas de fibra de vidrio unidas por una resina de celulosa.

A su vez, el Ejército Japonés disponía de sus propios modelos de chalecos antifragmentos, y el Tte. Coronel Ridgeway Trimble que por entonces era Jefe del Servicio Quirúrgico en el 118º Hospital General de Sydney, copió el diseño y lo adaptó en función de los datos que poseía de las zonas más comunes donde se producían las heridas. A partir de los estudios de Ridgeway se fabricaron otros modelos experimentales como el T34, T36, T39 y el T64 que fue estandarizado y conocido a partir de 1945 como Chaleco M-12. Estaba construido en base a la unión de nylon-aluminio. Se fabricaron 53.000 unidades.

Los informes resultantes de las bajas producidas durante la Guerra de Corea confirmaron las conclusiones extraídas durante la WWII, el 92% de las heridas eran producidas a consecuencia de la metralla, mientras que el 7,5% eran debidas a fuego de armas ligeras. Eso propició en envío de 500 chalecos Doron a la 1ª División de los Marines y que en los laboratorios de los EEUU se siguiera ensayando de forma intensa con diversos materiales.
Antes del fin de la guerra se fabricó el modelo M-1951, que era básicamente el modelo Doron pero con capas de nylon intercaladas entre sus placas. El resultado fue magnífico ya que las heridas abdominales se redujeron en un 70%.

Durante la Guerra de Vietnam y el conflicto del Ulster se usó el modelo M-69, que protegía también el cuello con una especie de solapas y estaba fabricado con capas de nylon-vinilo. También se uso el M-1952 que era una “evolución” del M-1951 y el M-1955, asignado a los Marines y que suponía un precio de 47 dólares por unidad.

Con el calor y humedad reinante en Vietnam, era normal que los soldados no quisieran usarlos y a veces los llevaban totalmente desabrochados. El Cuerpo de Marines impuso de forma inflexible la obligatoriedad de un uso correcto y aunque su uso prolongado en climas cálidos resultaba estresante, se reflejó en que las bajas se redujeron notablemente respecto a las del resto de unidades.
En Vietnam se empezó también a dotar a los miembros de la Fuerza Aérea de chalecos compuestos de planchas de materiales cerámicos y que serían el precursor del Variable Body Armour de 1968. A los equipos SEAL se les dotó de un modelo fabricado con planchas de titanio y nylon.

Los materiales que forman lo chalecos antifragmentos utilizados en la actualidad empezaron a estudiarse a finales de los ´60. Se trata en concreto de las poliaramidas, elementos estos de gran resistencia estructural y cuya tenacidad (gr/denier) establece los grados de protección que ofrecen en cada caso.
La primera de este tipo de sustancias en aparecer fue el Kevlar, que se obtuvo en 1965 gracias a los Laboratorios DuPont. Se consiguió pulverizando una poliaramida disuelta en un disolvente especial. Al evaporarse este producto resulta una fibra con una tenacidad de 26g/d, muy superior al Nylon (8gr/d) y a la Seda (5gr/d).
El Kevlar, gracias a la fuerte unión de los enlaces entre sus moléculas estructurales, ofrece 5 veces mas tenacidad que un alambre de acero, tiene gran resistencia a los agentes químicos, a la tensión, al fuego, y además representa para el soldado un escaso peso. El Ejército Norteamericano incluyó el Kevlar en la composición de sus chalecos y cascos en 1978.

Hubo otros Ejércitos que no suministraron de forma generalizada chalecos antifragmentos a sus hombres hasta que empezó la Guerra del Golfo. En conflictos posteriores como los sucedidos en Bosnia y Kosovo el volumen de chalecos fue aumentando e incluso y dado el riesgo existente, se añadieron planchas cerámicas y plásticos especiales que les convertían en chalecos antibalas.
También a partir de 1988 se empezó a usar un polietileno conocido comercialmente como Spectra, fruto de las investigaciones en el Laboratorio Allied-Signal, y que cuenta con mayor tenacidad que el kevlar (35gr/d), pero una capacidad de elongación menor.
En años posteriores la DARPA (Agencia para Proyectos Avanzados de Investigación de la Defensa) sacó un concurso para que las empresas desarrollaran nuevas tecnologías que se pudieran aplicar a los equipos de protección personal y que los materiales fueran capaces de resistir la penetración de munición perforante de 7,62mm, pero con una densidad de 1,75Kgr en una superficie de 0,1m.

Los chalecos se clasifican en función de su resistencia ante las distintas municiones. La siguiente tabla muestra los niveles de protección balística para blindaje corporal según las Normas Oficiales Norteamericanas (NIJ).


AP- Armor piercing (Perforante), JSP- Jacket soft point bullet (Bala semiblindada), RN- Round nosed bullet (Bala de punta redonda), FMJ- Full metal Jacket bullet (Bala blindada), SJHP- Semi-Jacketed Hollow Point (Bala semiblindada de punta hueca)

En Afganistán e Irak, los marines norteamericanos empezaron a utilizar a finales de 1999 un chaleco que pesaba 7 Kgr y estaba compuesto de placas de carburo de Boro capaces de resistir impactos de un calibre de 9mm a quemarropa y que incluían solapas extraíbles que cubren partes vulnerables como ingle, garganta y cuello. Las investigaciones posteriores se centraron en reducir el peso hasta 4.5 Kgr, que se ajustese como una “segunda piel” y que contaran con una válvula termostática que actúe en función de la temperatura existente en el teatro de operaciones.

En 2004 se iniciaron las investigaciones sobre un blindaje de un polietileno líquido llamado STF. En condiciones normales el STF es muy deformable, pero una vez que es golpeado por una bala o fragmento, se transforma en un material rígido que impide que el proyectil penetre en el cuerpo del soldado.
Las tropas americanas usan en la actualidad los chalecos “Interceptor”, que cuenta con un Nivel de protección balística IIIA.

Las normas OTAN establecen que los chalecos antifragmenteos deben contar con el tratamiento antirrefacción de rayos infrarrojos (IR) que evite que los soldados se transformen en “una antorcha” y por tanto en un blanco fácil en un escenario bélico. También hay que tener en cuenta que la humedad afecta negativamente a las propiedades de estos elementos. Su vida útil es de 10 años, a partir de la cual se habla de “chalecos caducados”, ya que han perdido la efectividad como medida de protección del personal militar.

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MUY INTERESANTE.

Comentario por MIGUEL




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