La última batalla


Misión y crimen en Hill 192
24 abril 2009, 12:01
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A pesar de lo que mucha gente piensa, EEUU nunca estuvo oficialmente en guerra con Vietnam del Norte, y la escalada bélica tuvo un largo proceso.

Corría el año 1957 cuando los primeros asesores norteamericanos llegaron a Saigon, y con motivo del aumento de la ayuda militar enviada a Vietnam del Sur para colaborar en la derrota de las fuerzas comunistas de Hanoi, el 8 de Febrero de 1962 se creó el MACV (Comando de Asistencia Militar en Vietnam)

El 4 de Agosto de 1964 el presidente Lyndon Jonhson anunciaba en televisión las agresiones sufridas por los destructores estadounidenses Maddox y Turner Joy por parte de patrulleras de Vietnam del Norte. Unos días mas tarde pidió al Congreso la aprobación de la Resolución del Golfo de Tonkin, que sería empleada como un cheque en blanco para aumentar el compromiso militar estadounidense en Vietnam.

A comienzos de 1965 en plena escalada bélica, el general Westmoreland solicitó a Jonhson dos batallones de Marines para proteger la base aérea americana de Da Nang. Serían estos hombres las primeras unidades de Infantería estadounidenses en participar en la guerra.

El por entonces embajador norteamericano en Vietnam, Maxwell Taylor, advirtió que al enviar cada vez un mayor número de soldados a las selvas y bosques de un país donde el amigo y el enemigo son indistinguibles, los EEUU estaban a punto de repetir los mismos errores cometidos años atrás por los franceses.

Este lento proceso que cada vez causaba mas bajas resultó sumamente polémico y enfadó a muchos estadounidenses. La guerra no declarada fue una patata caliente para las administraciones que gobernaron los EEUU durante esos años, y a finales de los ´60 la nación se encontraba totalmente desgarrada y dividida a causa de las bajas norteamericanas. Las manifestaciones organizadas por los movimientos de los Derechos Civiles y en contra de la guerra eran cada vez más frecuentes y numerosas.

Durante los años de intervención norteamericana, los combatientes cometieron muchas atrocidades. El más conocido sucedió el 16 de Marzo de 1968 en la aldea de My Lai, cuando una Compañía al mando del Tte. Calley masacró a 504 civiles vietnamitas. Calley fue condenado a cadena perpetua en 1971, pero posteriormente se le concedió la libertad condicional y en 1974 por orden del presidente Richard Nixon, retornó a la vida civil.


William L. Calley en 1991

Casi dos años antes hubo otro incidente en el que se vio implicada una patrulla de soldados estadounidenses que operaba en las tierras altas del centro de Vietnam, y que fue dado a conocer al mundo gracias al artículo publicado el 18 de Octubre de 1969 en el periódico “The New Yorker” por el periodista y corresponsal de guerra Daniel Lang.
Este artículo fue el prólogo de un libro y sirvió de base para la filmación de una película por parte de Columbia Pictures y bajo la dirección del afamado Brian de Palma titulada “Casualties of war”, en español conocida como “Corazones de hierro”.

Es conveniente indicar que todos los personajes mencionados por Lang, excepto el de la víctima, están presentados bajo seudónimos:

El 16 de Noviembre de 1966, el Teniente Harold Reilly ordenó al Sargento Tony Meserve de la Primera División de Caballería Aérea, la organización de una patrulla de reconocimiento con objeto de peinar un sector en búsqueda de señales de actividad del Vietcong. La misión duraría cinco días, y los hombres debían buscar información sobre la fuerza enemiga en dicho área y redactar posteriormente un informe para enviarlo al mando central.
Las tierras altas fueron en 1965 el escenario de la Batalla de Ia Drang, y uno de los axiomas del Ejército Norvietnamita, era que el controlar esa región suponía controlar todo el país. La ruta del Ho-Chi- Minh no discurría muy lejos de allí, y la presencia del Vietcong en esas tierras era conocida.

Además de Meserve, la patrulla estaba formada por el Cabo Ralph Clark de 22 años, los primos Rafael y Manuel Díaz de 20 años, y el Soldado de Primera Clase Sven Eriksson de 22.
Al día siguiente los miembros de la recién creada unidad se reunieron en las dependencias de su unidad sita cerca de la aldea de My Tho para asistir a un briefing informativo.

Meserve aunque el mas joven de la patrulla (20 años), era el mas veterano y experimentado, pertenecía al voluntariado de tres años, había sido condecorado en varias ocasiones y le quedaba menos de un mes para cumplir su servicio de un año en Vietnam. El Cabo Clark era un joven alto y rubio de rápidos movimientos y bruscas decisiones que solían reflejar de forma exagerada los pensamientos de Meserve, era querido y apreciado por sus compañeros debido a su experiencia en combate. Los Díaz eran dos muchachos alegres de Texas, con amplio sentido de deber y propensos a seguir cualquier orden que les diesen.

Haciéndose eco de las instrucciones recibidas por su superior, Meserve informó a sus hombres sobre las funciones que esperaba llevasen a cabo. Consultando las coordenadas en el mapa, les informó de la ruta a seguir. Tenían que llegar a la cota 192, en el Valle de Bong Song, lugar en el que había un barranco con un amplio complejo de cuevas ideal para la actividad del Vietcong. La patrulla debía recoger información sobre bunkers, trincheras y caminos que no figurasen en el mapa, así como localizar depósitos de armas, municiones y equipo. También les recordó que se debía evitar disparar a no ser que fueran atacados, ya que como había dicho, su misión era simplemente la de recopilar información sobre el enemigo.
Para finalizar les dijo que la misión iba a resultar entretenida, ya que se iba a encargar de encontrar a una joven vietnamita para “mantener alta la moral de la patrulla”. Durante cinco días podrían disponer de su cuerpo aunque luego deberían eliminarla para evitar la acusación de secuestro y violación, ambos delitos incluidos en el listado de crímenes capitales del Código de Justicia Militar Estadounidense.

Las sensaciones entre los hombres fueron diversas, Eriksson ante esa horrible propuesta se quedó sin poder de reacción, Clark recibió la noticia con entusiasmo, y los dos Díaz sonrieron, posiblemente de vergüenza.
Sólo Clark sabía con certeza que Meserve hablaba completamente en serio…

A las 4.30am del día siguiente, Meserve comprobó el equipo de sus hombres y partieron bajo el amparo de la oscuridad. Veinte minutos más tarde, y antes de amanecer, Meserve desvió al grupo 2Km al este de su ruta, llegando a una aldea llamada Cat Tuong, perteneciente al distrito de Phu My.

Meserve y Clark entraron en varias chozas buscando a la mujer ideal para sus propósitos. En una de ellas la encontraron. Se trataba de una chica de 18 años que se llamaba Pan Thi Mao, a la que inmediatamente ataron y sacaron a la fuerza ante los gritos de su horrorizada madre y de su hermana pequeña. Meserve tenía prisa, pronto amanecería y no quería que los helicópteros pudieran ver a su “prisionera”, así que retornaron rápidamente a la jungla en dirección a su ruta inicial.

Cuando habían andado apenas un kilómetro, Manuel Díaz desató las muñecas de Mao y colgó una gran mochila sobre su espalda. La joven caminaba pesadamente, amordazada y llorando amargamente en silencio.
Eriksson mientras tanto estaba cada vez más preocupado por el modo en que se estaba desarrollando la misión.

La marcha se inició a paso enérgico para recuperar el tiempo perdido, y a las 8.00am se hizo la primera parada para desayunar. Los soldados no ofrecieron ningún alimento a Mao, y Meserve la introdujo una aspirina en la boca, ya que parecía congestionada y enferma. Después de este breve descanso la patrulla se puso nuevamente en marcha.

A las 10.30am, a una corta distancia de la Cota 192, Meserve encontró lo que buscaba, un puesto de mando. Se trataba de una choza abandonada que estaba cerca de un arroyo. Un lugar ideal, ya que a pesar de que su estructura estaba bastante dañada, no amenazaba con derrumbarse.
Granadas, armas y municiones fueron depositadas en su interior, y mientras Eriksson y Rafael se ocupaban de vigilar a Mao y de hacer mínimamente habitable el interior, Meserve, Clark y Manuel se encargaron de buscar actividad enemiga en las inmediaciones.

Los tres hombres regresaron una hora mas tarde, y los cinco disfrutaron de una calurosa comida fuera de la choza. Poco después Meserve miró a sus muchachos, y señalando a Mao, que se encontraba recostada en el interior dijo: “¡Ha llegado el momento de divertirse!”. Clark estaba ansioso por ser el primero, pero Meserve le frenó en su intento.

Mientras, Eriksson se enfrentaba a una situación sumamente complicada, sus valores morales le impedían formar parte de aquello, y cuando manifestó que no iba a participar en la violación, se sucedieron las burlas de sus compañeros relativas a su dudosa masculinidad, siguieron los insultos y finalmente Meserve se le acercó y le advirtió seriamente sobre la posibilidad que tenía a partir de entonces de sufrir un “accidente” durante la patrulla. Era consciente de que si uno no participaba, podía llevar al resto ante la Justicia Militar.
Eriksson siguió rechazando su turno, y Meserve intentando buscar una justificación dijo que se trataba simplemente de un interrogatorio a una sospechosa de pertenecer al Vietcong. Eriksson le recordó que en sus órdenes no se incluía tomar prisioneros, y que en cualquier caso la chica seguramente no sabría nada relativo a asuntos militares.
El exabrupto que salió de la boca del Sargento fue de órdago: “Go away and play with yourself!”

La violación en cadena se puso en marcha, Meserve fue el primero en entrar, y pronto se oyeron los gritos de dolor y desesperación de la joven vietnamita. Al terminar, salió triunfante y dijo con aire arrogante a sus hombres que había estado muy bien y que pasara el siguiente. El segundo turno fue para Rafael, que afirmó en el juicio que tomó parte en aquello para evitar las burlas del resto.
Posteriormente entró Clark que mantuvo su enorme machete en la garganta de Mao, (el machete fue también una de las pruebas presentadas), y finalmente Manuel.
El martirio para Mao duró 90 minutos, Eriksson pasó ese tiempo sentado en la hierba con su lanzagranadas M-79 entre las manos. A veces se levantaba y calculaba distancias de lanzamiento, volvía y se sentaba de nuevo. Estaba muy nervioso, además de la terrible situación que le martilleaba la cabeza, le angustiaba que ese momento fuera aprovechado por los Vietcong presentes en la zona para atacar.

Poco después los cuatro hombres partieron hacía la Cota 192 en búsqueda de actividad enemiga, quedándose Eriksson vigilando la munición y a Mao.
Allí estaba él, solo e indeciso. El corazón le pedía cargar con ella y dirigirse a su poblado, allí la cuidarían y estaría a salvo, pero claro, irse así por las buenas podía suponer que le acusaran de deserción, por no hablar del riesgo de sufrir una emboscada al caminar solo por la jungla. Debía por tanto, y muy a su pesar permanecer allí.

Mao estaba temblando, Eriksson intentó consolarla, y le ofreció agua y alimento. La muchacha llevaba muchas horas sin probar bocado y aparte de una fuerte tos, su cuerpo estaba ardiendo a causa de la fiebre.

Inesperadamente se empezaron a escuchar disparos de armas automáticas, preámbulo de un intenso fuego de artillería, indicio todo ello de que la patrulla había contactado con el Vietcong y había solicitado por radio fuego de apoyo.

Los cuatro hombres regresaron poco después a la choza, Clark estaba furioso por haber delatado su posición y se mostraba dispuesto a ejecutar allí mismo a Mao. Meserve algo mas templado ordenó a Eriksson que lo hiciera él, eso le convertiría también en cómplice, y por tanto todo lo sucedido quedaría silenciado. Era asumir el típico dicho en Vietnam de “lo que sucede en el campo de batalla se queda en el campo de batalla”.
Eriksson se negó de nuevo, ganándose con ello nuevos insultos y el ostracismo de sus compañeros. Ahora él también percibía en sus propias carnes el peligro de ser eliminado.

Los seis durmieron aquella noche en la cabaña, organizándose turnos de guardia entre los cinco soldados.
Cuando amaneció, Meserve ordenó llenar las cantimploras en el arroyo y preparar todo el material para subir a la cota 192. El grupo llegó a las 9am. Poco después fueron localizados por un grupo de cinco Vietcong que abrió fuego contra ellos.
Una vez puestos a cubierto, y cuando respondían al fuego enemigo, Meserve ordenó firmemente a Eriksson que acabara de una vez con Mao y que arrojara su cuerpo colina abajo. Éste se negó de nuevo, y Clark en un rápido movimiento cogió a la muchacha, la arrastró tras unos matorrales y la apuñaló tres veces en el cuello y el pecho.
Tomándola por muerta, dejó allí su cuerpo.

Meserve pidió por radio fuego de apoyo, y tras transmitir las coordenadas, el Teniente Reilly envió dos helicópteros artillados, que con sus cohetes y ametralladoras golpearon la zona.

En el mismo momento en que los hombres se dirigían a inspeccionar un complejo de cuevas, apareció Mao, andaba lentamente y tambaleándose, su ropa estaba empapada de sangre, y emitía un llanto casi mudo. Clark gritó: “¡Maldita zorra! ¡Está aún viva, y eso que la apuñalé tres veces!”. Él y Rafael apuntaron rápidamente con sus M-16 y dispararon con saña sobre ella. Su frágil cuerpo cayó inerte sobre el suelo y rodó lentamente ladera abajo cayendo a un barranco de unos 9m. Ahora sí que estaba muerta.

Una vez más, y a pesar de la enorme potencia de fuego de los americanos, los Vietcong desaparecieron entre las cuevas y túneles. La búsqueda además de resultar frustrante se saldó con la evacuación de Rafael, que fue herido.

Meserve informó que Mao era una Vietcong muerta en combate, y así fue considerada por los estamentos oficiales de la guerra, un número mas para el MACV en su anhelado y ampliamente difundido recuento diario de bajas enemigas.
La patrulla abortó la misión y regreso a su Base.

Tras meditar sobre lo sucedido, Eriksson informó de todo lo sucedido al Tte .Reilly, pero para su sorpresa, éste simplemente le recomendó olvidarlo. Le dijo que la vida estaba llena de injusticias, y había que aprender a soportarlas y a vivir con ellas.
Era plenamente consciente de que si lo sucedido se hacía público, la reputación del Regimiento se vería empañada y demostraría que los Oficiales no sabían controlar a sus hombres.

Visto el nulo interés mostrado por Reilly en solucionar el asunto, Eriksson se presentó directamente ante el Capitán Vorst. Tampoco sirvió de mucho, Vorst únicamente se mostró preocupado por que la noticia no llegara a oídos de la prensa y el suceso se convirtiera en un incidente internacional. La única medida que tomó fue dividir la patrulla y trasladar a Eriksson a Camp Radcliff, base de la 1ª División de Caballería Aerotransportada, y destinarle como artillero de puerta. Allí, a 70 millas de distancia de sus antiguos compañeros estaría a salvo de posibles venganzas.


Camp Radcliff

Pero fue allí, en Camp Radcliff donde por fin alguien actuó, ya que gracias a Boyd Greenacre, un compañero mormón, Eriksson conoció al Capellán, el Capitan Kirk. Él sí que estaba dispuesto a escuchar la terrible historia.
El Capitán Kirk, un ex policía de Sant Lake City, enseguida comprendió que aquello podía ser cierto. La lógica de los acontecimientos que sucedieron tras el regreso de la patrulla era una clara evidencia que apoyaba los hechos que estaba escuchando.
Así pues, pasó aviso a la Oficina de División de Investigación Criminal, y en diez minutos dos agentes se entrevistaron Eriksson, y le mantuvieron bajo custodia preventiva. Eran medianamente claras las consecuencias que todo esto podía acarrear y los casos de “fragmentación” en Vietman eran algo más que un tópico.

El 9 de Diciembre un equipo de investigación se traslado desde An Khe hacía el área donde se situaba la Colina 192. Eriksson les condujo hasta lo restos descompuestos de la chica vietnamita. El equipo averiguó su nombre gracias a las entrevistas que realizó en su aldea. También se recogieron pruebas y se tomaron cientos de fotografías para ser usadas posteriormente en el Tribunal.

Los cuatro Consejos de Guerra se celebraron en Camp Radcliff en Marzo de 1967. El proceso duró diez días, y a pesar de los intentos de los abogados defensores, las evidencias forenses confirmaban la versión de los hechos manifestada por Eriksson. Al juicio también acudió como testigo Phan Thi Loc, hermana de Mao, la cual identificó a Meserve y a Clark como los hombres que secuestraron a Mao a punta de M-16.
El Tribunal, a pesar de mostrar el reconocimiento de los cuatro hombres en acciones de combate, les declaró culpables.

Los cuatro fueron condenados a realizar trabajos forzados en los Cuarteles Disciplinarios de Forth Leavenworth, (Kansas). Las sentencias fueron las siguientes:
Rafael Diaz, ocho años por violación y asesinato premeditado.
Cabo Clark, cadena perpetua por violación y asesinato premeditado.
Sargento Meserve, diez años por asesinato no premeditado.
Rafael Diaz, quince años por violación.

Posteriormente todas las penas fueron reducidas por diversas razones técnicas, tales como que los acusados no habían sido informados sobre sus derechos antes del inicio del Juicio, y otras formalidades. Según los abogados de la Colombia Pictures que revisaron los casos, la más alta quedó finalmente fijada en cinco años.

Muchos norteamericanos tras leer el libro de Lang afirmaron que si el precio de defender la libertad suponía la pérdida de civilización entre aquellos que la defendían, la lucha no merecía la pena.

Sven Eriksson terminó su servicio en Vietman el 28 de Noviembre de 1967, y aún hoy, y por temor a represalias, vive bajo un nombre supuesto en algún lugar del Medio Oeste de los EEUU.

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