La última batalla


Sebastián de Portugal

Nacido el 20 de Enero de 1554 y conocido como “el Deseado” acumuló desde su nacimiento todas las esperanzas de la casa de Avís ya que su padre, don Juan falleció dos semanas antes y su abuelo y rey, Juan III el Piadoso tenía por entonces una edad avanzada.

En 1557 murió Juan III y su viuda Catalina de Austria asumió la regencia debido a que la madre de Sebastián (Juana de Austria) se tuvo que hacer cargo de la regencia de Castilla ante la ausencia de su padre Carlos V. Durante este periodo además de la anexión de Macao continuó la expansión colonial en Angola, Mozambique y Malaca.

Sebastián era un niño débil y enfermizo, posiblemente como resultado de generaciones de matrimonios endogámicos. Su infancia no fue facil, su madre permaneció en España y aunque mantenía correspondencia con él, no le volvería a ver. Además, sus dolencias (se habla de locura, epilepsia e incluso espermatorrea) obligaron a extremar sus cuidados médicos, y el niño creció junto con la compañía de su abuela.

Se designó como su criado a Alejo de Meneses, un veterano y curtido soldado y como tutor al Jesuita Luis Gonzalves de Cámara. Estas personas hicieron que Sebastián desarrollara un fuerte sentimiento religioso, pero también habilidad en el uso de armas, práctica en la equitación y de la caza.
Sebastián era un muchacho temerario, y no dudaba en ningún momento en poner en peligro su propia integridad física.
Poco a poco fue por tanto modelando su personalidad a modo de la de un guerrero de la Edad Media.

El 20 de Enero de 1568 con 14 años, Sebastián tomó posesión del gobierno de Portugal durante una ceremonia en Lisboa. Al año siguiente sucedió una grave epidemia de peste bubónica que obligó al joven monarca y a su séquito a abandonar la ciudad y a realizar continuos viajes durante mas de un año.

Una vez regresó a Lisboa se entregó a la idea que tenía en mente: salvar a la cristiandad lanzando una cruzada en Africa, lugar donde se encontraban varias colonias Portuguesas.

En 1576 y tras un primera expedición en 1574, Muley Ahmed solicitó ayuda a Portugal para recuperar el trono de Marruecos que poseía su hermano, el sultán Abd al-Malik con ayuda de los “infieles” turcos.
Ese mismo año se produjo una entrevista entre Sebastián y su tío Felipe II cuya finalidad era buscar apoyo para la Cruzada. El rey español rehusó la propuesta pero puso a su disposición 250 soldados.

El 25 de Junio de 1578 23.000 hombres partieron desde Lisboa con rumbo a Tanger donde se encontraban las tropas de Muley Ahmed y desde donde emprendieron una fatigosa marcha hasta la fortaleza de Alcazarquivir.

La batalla se desarrolló el 4 de Agosto de 1578 y los pocos efectivos del lado cristiano (prácticamente la mitad) junto con la desorganización, inexperiencia, desconocimiento del terreno y el clima abrasador propiciaron una dolorosa y rápida derrota.

Se contabilizaron unas 7.000 bajas y 16.000 prisioneros. Gran parte de la nobleza portuguesa cayó prisionera y se exigió un gran rescate por sus vidas, lo que acabo prácticamente con el tesoro de Portugal.

Sebastián desapareció en una de las cargas, su cuerpo no fue nunca recuperado pero está claro que murió en la batalla, al igual que Muley Ahmed y Abd al-Malik. Esta circunstancia propició que a esta batalla se la conociese como “La batalla de los tres Reyes”.

La derrota fue un gran mazazo para la sociedad portuguesa (supuso el origen del llamado “Sebastianismo”) y se extendió el rumor de que en realidad el rey no había muerto y que volvería en cualquier momento.
Cuando en 1581 Felipe II logro unir su corona al reino de Portugal aparecieron cuatro impostores que afirmaban ser el rey Sebastián, fruto todo ello de la leyenda y del malestar popular por el dominio español.
Los descendientes de los judíos expulsados de Portugal vieron en esta derrota un castigo divino contra la dinastía real portuguesa; por eso la muerte de su último descendiente sucedió en el mismo lugar donde se refugió la mayor parte de los judíos expulsados del reino portugués.

A pesar de la leyenda, el reinado de Sebastián no fue muy popular, estuvo marcado tanto por las dificultades económicas como por la corrupción y se acusó a los jesuitas sobre el excesivo protagonismo que tuvieron en su Gobierno y en su vida privada.

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