La última batalla


Cabeza de Vaca
20 junio 2009, 19:45
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Álvar Núñez Cabeza de Vaca nació en Jerez de la Frontera hacia el año 1490 en una familia de hidalgos andaluces. Su abuelo, el Capitán Pedro de Vera participó en la conquista de Canarias.
Como el joven Álvar era huérfano, encontró acomodo en la casa de Medina Sidonia y ya muy joven participó activamente en varias campañas italianas, luchó contra los comuneros castellanos, contra el ejército francés en Navarra y posteriormente se aventuró a la conquista de las Indias.

Una vez vendidos sus bienes y gracias a un préstamo, consiguió embarcar como tesorero y alguacil en la expedición de Pánfilo de Narváez que debía conquistar la Florida. La expedición formada seiscientos hombres y cinco navios partió de Sanlúcar de Barrameda el 17 de Junio de 1527. Tras un complicado viaje debido a las tormentas, llegaron a la Isla de la Española (Santo Domingo) en Abril de 1528.
A poco de llegar al Caribe, los viajeros fueron recibidos por un ciclón que les costó dos barcos, sesenta hombres y veinte caballos Tras las numerosas muertes ocasionadas y a las bajas debidas a deserciones, los expedicionarios arribaron a Florida el 12 de Abril de 1528. En ese momento se contaban cuatrocientos hombres, tres navíos y ochenta caballos.

Dos días después arribaron a la actual bahía de Port Charlotte en la cual fueron recibidos de forma hostil por los indios calusas, los mismos que siete años antes atacaron a Juan Ponce de León en su segundo intento de hallar la Fuente de la Eterna Juventud. Desde allí una expedición de cuarenta hombres (entre ellos Cabeza de Vaca) llegaron a la bahía de la Cruz (actual bahía de Tampa) donde los pacíficos indios timucoas les ofrecieron víveres y con el fin de alejarlos de sus tierras les indujeron al engaño afirmando que en la remota zona de los Apalaches había grandes cantidades de oro.

La codicia de Narváez empujó a crear una nueva expedición formada por trescientos hombres que con cuarenta caballos iniciaron el viaje a los Apalaches, mientras que el resto (cien) quedaban embarcados en la bahía de la Cruz.
Partieron el 1 de Mayo de 1528 y tras cincuenta y seis días llegaron a su objetivo. El pueblo estaba habitado sólo por mujeres y niños ya que los hombres estaban emboscados para hostigar al invasor. Para su desengaño, vieron que no había riquezas, así que tras una breve estancia que aprovecharon para reabastecerse, emprendieron un nuevo viaje hacia un pueblo del sur y cercano al mar llamado Aute.

Las tropas de Narváez entraron en Aute el 29 de Julio de 1528, el poblado estaba quemado y abandonado, así que los españoles acamparon para descansar, alimentarse y cuidar a los enfermos mientras que una avanzadilla era enviada a la actutal bahía de Marks con la esperanza de encontrar alguno de los tres navíos que estaban navegando por la costa en su búsqueda.

Una vez sacrificados los últimos caballos y ante la ausencia de los barcos de búsqueda, decidieron construir cinco barcas de cabotaje con el fin de llegar a Pánuco, asentamiento fundado por Hernán Cortés y que suponían no muy lejano (en realidad estaba a mas de 2000 Kms…)
El 22 de Septiembre de 1528 los 242 supervivientes partieron de la entonces llamada Bahía de los Caballos costeando el sur de Florida por los actuales estados de Alabama, Mississipi y Luisiana, con frecuentes incursiones terrestres para buscar agua y alimentos (siempre hostigados siempre por tribus indias).
Frente al delta del Missisippi un huracán dispersó las cinco barcas y la tripulada por Narváez desapareció sin dejar rastro. La embarcación de Cabeza de Vaca naufragó, pero algunos hombres consiguieron llegar a nado a la costa.

El 6 de Noviembre reiniciaron el camino a Pánuco pero un golpe de mar les hizo naufragar de nuevo, ahogándose varios hombres. Semanas después los supervivientes se encontraron con naúfragos de otras barcas, entre ellos a los capitanes Alonso del Castillo, Andrés Dorantes y a su criado Estebánico (primer hombre nacido en África en pisar territorio de los Estados Unidos), estos cuatro hombres fueron los únicos que resistieron al hambre y las enfermedades.

Durante siete años fueron esclavizados por los indios carancaguas y por los coahuiltecas.
En 1535 lograron huir y tras cruzar el río Grande se dirigieron hacía el noroeste de México guiados por una multitud de indios que los consideraban chamanes.

En Abril de 1536 a poca distancia de Cuiacán se encontraron con un destacamento de cuatro soldados a caballo a mando del capitán Diego de Alcaraz. Ante el asombro de éstos, aquel hombre de aspecto de hermitaño, rostro curtido, desmelenado y descalzo les dijo en español que era Álvar Núñez Cabeza de Vaca, uno de los cuatro supervivientes de la expedición a Florida. Habían pasado ocho años…

Tras impedir que Diego de Alcaraz exclavizara a los indios que les acompañaban, se encaminaron a un poblado de indios pacíficos donde el alcalde, Melchor Díaz les recibió para conducirlos a la mañana siguiente hacía Culiacán. Días después Cabeza de Vaca y sus compañeros partieron hacia la villa de San Miguel y de allí a la ciudad de Compostela (capital de Nueva Galicia) donde residía el gobernador Nuño Beltrán de Guzmán.
El 23 de Julio de 1536 entraron en la ciudad de México-Tenochtitlán, donde fueron recibidos con honores por el virrey Antonio de Mendoza y por el Capitán General Hernán Cortés.

Cabeza de Vaca regresó a España en Agosto de 1537 con el título de Peregrino de la Florida, aprovechando los tres años que permaneció en la península para escribir su libro “Naufrágios” con sus aventuras por en nuevo mundo.

Pasado ese tiempo, fue nombrado adelantado de Río de la Plata, cargo importante en la administración colonial. En Noviembre de 1540 partió de Sevilla a Paraguay, allí descubrió las Cataratas del Iguazú y sometió a algunas tribus indígenas, pero su gobierno en Asunción también acabó mal, Martínez de Irala y sus capitanes, incapaces de soportar su disciplina y austeridad lo apresaron y encerraron, devolviéndole a España a los cinco años de su partida. Tras numerosos pleitos para recuperar el honor perdido, aprovechó para escribir su segunda obra, “Comentarios”.

En un juicio celebrado en 1551, el Consejo de Indias le desterró a Orán, pero no hay pruebas de que lo llegara a cumplir (se supone que fue indultado).
Posteriormente se estableció en Sevilla como juez, tomó los hábitos y vivió en un Monasterio por el resto de su vida. Sus biógrafos estiman su muerte en 1560 en Jeréz de la Frontera.
Recibió sepultura en la capilla del Real Convento de Santo Domingo.


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