La última batalla


39 años, seis meses y cuatro días en Pyongyang

El Sargento de los EEUU Charles Robert Jenkins tenía en 1965, 24 años. Tras inicial su carrera militar en la Guardia Nacional, y US Army, en 1958 pasó a formar parte de la 1st Cavalry Division. Durante los años 1960 y 1961 sirvió en Corea del Norte, posteriormente y hasta 1964 fue destinado en Europa, para regresar ese mismo año de nuevo a Corea.

El temor entre los soldados americanos de los 60´a ser destinados a Vietnam era grande, y ese fue el motivo que originó que nuestro protagonista tomara entonces la decisión mas importante de su vida:

El 4 de Enero de 1965 durante una patrulla nocturna cerca de la Zona Desmilitarizada que separa las dos Coreas, Jenkins dijo a sus hombres que permanecieran en sus posiciones mientras él iba a investigar un ruido.

El ruido no era tal, Jenkins cruzó la frontera mas militarizada del mundo y se entregó voluntariamente a los soldados Norcoreanos. Su intención con esta deserción era ser enviado a Rusia para formar parte del programa de intercambio de prisioneros y ser trasladado posteriormente a Norteamérica.

Jenkins dijo 4 décadas después que pronto se arrepintió de su decisión. La propaganda comunista propagó a los cuatro vientos que un Sargento Americano había desertado y sin pausa se le forzó a confesar tanto verbalmente como por escrito su acto. Su familia no se podía creer.

Inmediatamente fue recluido en una mísera habitación (sin agua corriente, sanitarios, etc…) junto con otros tres desertores (Larry Abshier, Jerry Parrish y James Dresnok). Se le arrancó con unas tijeras y sin anestesia un tatuaje del Ejército que llevaba en el brazo, y el régimen impuso un control completo sobre sus cuerpos y sus mentes. Como parte del adoctrinamiento fueron obligados a estudiar el Juche, la filosofía de Kim Il-Sung, ocho horas al día durante siete años y a memorizar largos pasajes en coreano, idioma que no entendían.
En un momento dado, se le asignó una mujer para que tuviera relaciones sexuales con ella dos veces al mes. Sus objeciones fueron zanjadas con una paliza. ¡Increible!

Los primeros años fueron los mas duros, ya que además de vivir en cautividad debían soportar el maltrato físico, la dificultad del idioma, y ser utilizados en películas propagandísticas como “Unsung Heroes”, de la cual no llegó copia al Dpto de Defensa Americano hasta 1996, haciendo posible entonces a los analistas poder identificar a Jenkins y a Dresnok.


Fotograma donde se distingue a Jenkins

En su habitación comían pescado crudo, animales que seguro que se alimentaban de las víctimas de la hambruna, que se arrojaban a los ríos.

En 1972 le fue otorgada otra vivienda para él sólo, y comenzó a enseñar inglés a los cadetes y a los aspirantes a espías Norcoreanos en la Universidad de Pyongyang de Estudios Extrangeros. Sin embargo su fuerte acento de Carolina del Norte fue visto como un impedimento y se le despidió.

El asunto del aprendizaje de idiomas en relación a facilitar el espionaje hizo que Hitomi Soga, una enfermera japonesa de 21 años fuera secuestrada en 1978 por agentes Norcoreanos. En 1980 fue presentada por medio del régimen a Jenkins y pocos días después, se casaron. De este matrimonio nacieron dos hijas.

En 2002, Kim Jong-Il confirmó que en Corea del Norte había 13 ciudadanos japoneses secuestrados, y en un intento de mejorar las relaciones, les ofreció viajar una semana a su país. Entre estos viajeros se encontraba la esposa de Jenkins.


Kim Jong Il y el Primer Ministro japonés Junichiro Koizumi

El Gobierno japonés decidió que no regresaran en el plazo previsto y negociar el retorno de sus familiares para hacer posible que todos se reunieran en Japón. La mayoría de las familias realizaron el viaje, pero Jenkins y sus hijas por temor a que el Gobierno Norcoreano estuviera probando su “lealtad”, se quedó en Corea, ya que tras algún intento de fuga durante los primeros años, ahora gozaba de relativa libertad y ciertos privilegios. No fue hasta el 18 de Julio del 2004 después de obtener garantías de protección del Gobierno Japonés cuando toda la familia se reencontró en Japón.
El Gobierno nipón solicitó formalmente el indulto para Jenkins, pero los EEUU se negaron ello.
El 11 de Septiembre del 2004, Jenkins (según dijo, para tener la conciencia tranquila) se presento ante la Policía Militar de la Base Norteamericana de Camp Zama (Japón).


“Corrijo mi error, vuelvo”, dijo Jenkins.

El 3 de Noviembre se declaró culpable de deserción y de ayudar al enemigo y por ello fue condenado a 30 días de confinamiento. El 27 de Noviembre, seis días antes por buen comportamiento, fue puesto en libertad.


En la Base de Zama tras abandonar la Prisión.

Jenkins y su familia se establecieron en la isla japonesa de Sado (lugar donde fue secuestrada Soga) y en 2005 todos viajaron a Carolina del Norte a visitar a su anciana madre.

El 15 de Julio de 2008, Jenkins obtuvo la condición de residente permanente, sólo dos semanas después de haberlo solicitado. El antiguo sargento comentó que deseaba permanecer en Japón el resto de su vida y obtener la nacionalidad.
Hoy en día Jenkins vive atormentado por constantes pesadillas, temiendo ser secuestrado por agentes norcoreanos o que incluso ser asesinado. Afirma que tras pasar 39 años, seis meses y cuatro días en Pyongyang es el extranjero que viviendo fuera del país, mas conoce sobre Corea del Norte, y eso le causa gran preocupación.

Mientras, sobrevive a sus miedos sin apenas pronunciar palabra de su lengua materna, (habla con su mujer en Coreano y Japonés con sus hijas), pasa el tiempo en su tienda de recuerdos posando en innumerables fotografías ante el requerimiento de decenas de curiosos, y concediendo entrevistas debido al mayor conocimiento de su historia, propiciado todo ello por su libro autobiográfico publicado en 2005, primero en japonés y posteriormente en inglés:


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