La última batalla


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19 julio 2010, 22:17
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El siguiente relato está basado en hechos reales que tuvieron lugar durante el mes de mayo de 1969 mientras se desarrollaba la guerra de Vietnam. El protagonista de la historia fue el Sr. Donald Tyler, el cual recientemente ha dado a conocer su relato para conocimiento público y general.
Los datos de unidades, descripción de las misiones, procedimientos y métodos operativos seguidos por las FAC son también reales, dejando a la imaginación gran parte de los diálogos, situaciones intermedias y descripciones adicionales.

Saigon, enero de 1968.

-Joder, hace un calor de cojones, una humedad insoportable, y estos capullos parece que no tienen prisa. Llevo toda la jodida mañana de cola en cola rellenando papeles, permisos, autorizaciones, seguros de vida, comprobaciones…
-No te preocupes, esto funciona así, el año pasado me sucedió lo mismo, estuve tres días esperando a que me dieran el OK. La burocracia aquí es lenta, ten en cuenta que estamos en medio de una jodida guerra…
-¿Dónde vas esta vez?
-Ahora soy freelance y voy a ver a los Marines de Khe Shan, se está montando una gorda y quiero estar en primera línea. ¿Y tu?
-Me mandan a la Base de Nha Trang, la gente no sabe nada de los pilotos de las FAC (Fordward Air Controller) y los peces gordos de “Time”quieren un reportaje en el que se hable mucho y bien de los chicos. Algo original y con tirón.


Mapa de situación

-Para empezar no está mal, el de esos pilotos es un trabajo jodidamente peligroso y seguro que consigues buen material.
-Preferiría ir al Norte, como tu, pero bueno, al ser mi primer viaje a Vietnam decidieron darme algo más tranquilo.
-Espero que te todo te salga bien, y que no te olvides vigilar tu culo, a pesar de que no tengas que salir a ver a Charlie, las cosas se están poniendo feas.

Base de Nha Trang. Cantina de Tropa, veinte días después:

-¡Hace falta ser gilipollas!
-¡Eso sólo le puede pasar a un capullo de Texas!
-¡Jugar a cowboys con un 45 y volarse medio culo, ja, ja, ja…!
-¡Joder, y mirad que mosqueo se cogió el viejo al enterarse!. Lo de prohibir a todo el mundo tener el arma cargada a no ser que se estuviera encuadrado en el servicio de vigilancia fue una medida radical.
-Iros a la mierda, he estado un mes con el culo en carne viva y ahora venís con estas chorradas, que os den…
-Joer macho, no aceptas una broma. Ven a acabarte la cerveza y deja de tocar los huevos..
-Voy a ver al Sargento, me dijeron que me presentara ante él cuando me dieran el alta. Supongo que será para comunicarme el arresto, maldita sea, todo esto no tiene ni puta gracia.
-¡Eh, que te dejas el caballo, vaquero! ja,ja,ja…

Revista “Time”. Número especial de diciembre de 1968.

Nos encontramos en la Base de Nha Trang, instalación localizada en las proximidades de la ciudad del mismo nombre y situada en la provincia de Khanh Hoa, en la zona central de la República de Vietnam y contigua al Mar de China. En esta Base, además de aparatos de la VNAF (Vietnam Air Force) hay estacionadas unidades del US. Army, de la USAF, de la US. Navy y de los Marines.
Esta completa y enorme base alberga también el Cuartel General del 5º Grupo de las FF.EE, la Escuela Recondo, la “Communications and Electronics School” y el “Air Training Center “, lo que aumenta ya la de por sí gran actividad que aglutina.

Hoy hablaremos con el Teniente Robert Bolden piloto de una avioneta Cessna O-1 Bird Dog perteneciente a la 183ª Compañía de Reconocimiento Aéreo “Sea Horses”

-Buenas tardes Teniente. ¿Puede explicar a nuestros lectores en que consiste concretamente el trabajo de los pilotos de estas frágiles avionetas conocidas como FAC o de mando aéreo avanzado?
-Nuestra misión principal en Vietnam es volar sobre sectores específicos y observar todo lo que resulte sospechoso para adquirir los objetivos a atacar por nuestros cazabombarderos.
Nosotros no tenemos autoridad para pedir un ataque, simplemente damos las coordenadas a la Oficina de Centro de Apoyo Directo asignada a nuestra unidad y solicitar la salida oficial de los aparatos. Ellos entonces piden autorización al jefe provincial, que se trata de un vietnamita que conoce el terreno mejor que nosotros, y si no hay problema, el Ejército ordena que se ejecute el ataque.

-¿Como se evalúa lo conveniente y urgente de un bombardeo?
-Bueno, el Centro sopesa la urgencia de la misión en relación con otras solicitudes, y entonces ellos deciden los objetivos prioritarios. Siempre se tiene en cuenta la presencia de tropas propias en las cercanías o bajo fuego, y los aviones que en ese momento se encuentran en vuelo o en estado de “alerta roja”, es decir, preparados para despegar de forma inmediata.
Es importante señalar que estos ataques no siempre son inmediatos, sino que pueden estar diseñados entre 24 horas y dos semanas antes de lanzarse, en este caso se llaman ataques preplanificados.

-¿Cómo se puede asegurar que el objetivo es legítimo?
-Algunos pilotos sobrevuelan un sector a diario y están familiarizados con él, también hay otras zonas o sectores donde hemos evacuado a la mayoría de la gente, así que se considera que quienes siguen por allí son vietcong. Es algo que en las zonas montañosas es habitual.
Antes, los equipos de Guerra Psicológica lanzaban octavillas, ahora avisan con altavoces con una antelación de diez o quince minutos para que a los civiles les de tiempo a evacuar la zona, pero los ataques sin aviso previo nos dan siempre mejores resultados, causamos muchas más bajas al enemigo.

-¿Hacia que tipo de objetivos se dirigen principalmente los ataques?
-De todo, búnkers, fortificaciones, poblaciones que sirvan a Charlie como de zona de descanso, almacenes de suministros, sectores que sabemos que se emplean como Bases, trincheras, concentraciones de tropas, rutas de infiltración…etc.
Es conveniente saber que los ataques también son propuestos por los mandos que se encuentran en el terreno, también por datos adquiridos a través de otras fuentes de información, o incluso por los propios jefes provinciales.

-¿Cual es su misión una vez transmitido el objetivo?
-Guiar el ataque. Los pilotos de los cazabombarderos no pueden ver nada a esa velocidad y a esa altura.
Como ya le he dicho, los objetivos se muestran en coordenadas de un mapa, pero cada cuadrícula representa un km cuadrado en el terreno, lo que da un tremendo margen de error en la estimación del blanco, ya que los intervalos de 100m no aparecen reflejados. Muchos objetivos no son visibles desde el aire y debemos fiarnos de rasgos topográficos relevantes, o nuestra propia intuición o experiencia.
Pues bien, antes de iniciarse el bombardeo lanzamos uno de los cohetes de fósforo blanco que llevamos bajo las alas de nuestro aparato para que el humo sirva como punto de referencia al piloto del caza, el cual lanza la primera bomba a la espera de recibir posibles correcciones que le transmitiremos por radio.

-¿Cuantos aparatos participan en estas operaciones?
-Depende, pero normalmente dos o tres, realizando dos o tres pasadas cada uno dependiendo del armamento que dispongan.

-¿Y una vez finalizado el ataque?
-Sobrevolamos de nuevo el objetivo y realizamos el BDA, el Informe de Evaluación del Bombardeo, donde apuntamos el porcentaje de bombas que han golpeado en el blanco y el grado de destrucción ocasionado.

-¿Y si mientras se producen los bombardeos se están desarrollando combates cercanos?
-Debemos comunicarnos con las baterías de artillería que operen allí para calcular la trayectoria de los obuses y así poder evitarlos, algo a tener muy en cuenta dado la posibilidad de alcance.

-¿Ha tenido algún incidente?
-Claro, recibimos disparos de armas automáticas de forma frecuente. Nuestra velocidad y altura de vuelo son propicias para ser derribados. En 1966 uno de cada veinte pilotos de O-1 moría en acción.

-¿Llevan algún tipo de armamento a bordo?
-En 1966 se probó instalar una M-60, pero nosotros sólo llevamos nuestra pistola del .45. Por costumbre la dejamos debajo del asiento, y puede salvarnos en pellejo en caso de aterrizaje forzoso u otros incidentes aislados, pero nada que hacer frente a un AK, claro…

-¿Ha vivido algún momento crítico o de especial peligro?
-Sí, claro. Mi aparato ha recibido numerosos impactos, he tenido que realizar aterrizajes forzosos y mi primera misión fue realmente difícil.

-Cuéntenos algo más.
-Al ser mi primera operación se me encomendó servir de avanzadilla de un convoy de 40 camiones que debía partir desde Ban Me Thuot con destino Nha Trang. Este tipo de acciones la llevan a cabo normalmente las FAC de los compañeros de la VNAF, pero aquel día y a modo de aprendizaje, le tocó al novato, a mí.

-¿Qué debía hacer exactamente?
-Partiría a las 7.30h y esperaría la llegada del convoy en una pista de aterrizaje improvisada que se encontraba en un punto de la ruta. Cuando los camiones alcanzaran ese punto, despegaría de nuevo e iría delante de ellos reconociendo todo el trayecto, posibles lugares de emboscadas en las montañas y proporcionándoles cobertura de radio. Es un camino que discurre por una zona muy abrupta y se pierde la comunicación de forma habitual.

-¿Hubo problemas en la localización?
-No, era una pista de tierra bastante pequeña, con una aldea de unas 25 cabañas de paja situada a unos cientos de metros a la derecha, un gran arrozal frente a ella y al otro lado nada, la selva.
Bajé mi altitud de forma progresiva, realicé dos pasadas para calcular distancias y para auyentar a unos de esos bueyes vietnamitas que se encontraban en medio, y aterricé en esa polvorienta pista sin problemas.

-¿Son habituales estas maniobras de espera?
-Sí, los convoys pueden retrasar su salida, sufrir accidentes o averías que provocan pérdidas de tiempo. No había nada raro en ello, era algo normal.

-¿Qué sucedió después?
-Hacía un calor del demonio, así que bajé, apagué la radio para no agotar batería y me coloqué debajo de una de las alas, el único lugar de sombra de los alrededores.
Poco después empecé a escuchar voces, se trataba de un grupo de niños que venían de la dirección donde se encontraba la aldea. Se quedaron mirando la O-1 desde el otro lado de la pista y parecían contentos, hablaban entre ellos y me miraban sonrientes. Luego cuando cogieron confianza se acercaron a mi y me rodearon, estaban simplemente curioseando.

-¿Vio algún signo de hostilidad?
-Yo entonces era bastante inocente. En Nha Trang corrían historias de mujeres y niños vietnamitas que arrojaban granadas de mano dentro de nuestros helicópteros, y que los hijos de Charlie llevarían el honor a su familia si mataban a un Oficial Americano. Eso les transformaría en héroes ante los demás.

-¿Qué hacían los niños?
-Se mostraron muy excitados al ver los cohetes de fósforo blanco, y empezaron a tocarlos y a manosear todo. Me levanté y traté de que se fueran, eso me parecía peligroso: “Di di mau”, marchad de aquí, ya estoy harto de vigilaros a vosotros también.

-¿Se fueron?
-Sí, se alejaron algo, pero poco después otra vez estaban allí rodeando el aparato y curioseando. Les volví a vocear que se marcharan pero regresaron de nuevo. Decidí entonces colocarme a la altura de la cola y tener así una visión completa de todos los chicos y de la propia O-1.

-Una situación embarazosa, sin duda.
-Sí, desde luego, me encontraba incómodo y bastante nervioso.
Fue en esos momentos cuando me percaté que llegaba otro chico, tendría unos diez años y era un poco más alto que el resto. Estaba descalzo, vestía pantalones de color caqui y una camisa a cuadros color verde, desabotonada y atada por la parte inferior con nudo flojo. Llevaba las manos dentro de su camisa, agarrando algo que había dentro de ella. Me asusté al ver que a medida que se acercaba el resto de chavales se apartaba de su camino, quedándose mirando su caminar y cambiando el rictus de la cara.

“¿Qué llevas ahí?” Pregunté. Lentamente el chico sacó sus manos y dejó ver la parte superior de una granada M-61. Me quedé paralizado cuando un segundo después le quitó el seguro…

-¿Qué hizo entonces?
-La rabia y el temor me propulsaron hasta la cabina, allí tomé rápidamente mi 45 y apunté a la cabeza del chico.

-Le disparó, ¿verdad?
-Joder, en ese momento me encontraba aturdido, sabía que tenía pocos segundos para actuar, la granada explotaría, ello afectaría a los cohetes y al combustible. Los dos saldríamos por los aires sin ningún tipo de duda.
En esos momentos no sabía si iría al cielo o al infierno, pero tenía claro que ese pequeño hijo de puta lo haría un par de segundos antes que yo. Antes de caer al suelo ya estaría muerto.
Sudando, con el corazón a tope y con una tensión indescriptible apreté el gatillo. El siguiente sonido que escuché fue un metálico “click”. Entonces recordé que había olvidado cargar mi pistola al partir de Nha Trang. Esa semana había habido un incidente en la Base y se prohibió llevar las armas cargadas dentro de todo el perímetro si no se estaba de Servicio…

-Maldita sea…
-Sí. En ese momento se me acabó la esperanza, vi la cara de la muerte, pensé en mi cuerpo destrozado, en mi familia durante la fatídica visita del oficial de la Asistencia al Superviviente, y en la chapa de mi ataúd, en la que sin duda figuraría la leyenda “No apto para ser visto”. Me sentía dentro de los aviones de “Coastal Airlines” rumbo a casa dentro de una caja metálica. Estaba jodido, y bien jodido.

-Siga Teniente, por favor.
-La cara del chico despedía terror, sentía lo mismo que yo, la presencia de la muerte, y en ese momento abrió los brazo y la granada cayó al suelo. Se acabó todo…
Sorprendentemente no sucedió nada. Miré al suelo y sólo pude ver la parte superior de la granada separada del cuerpo, que estaba vacío. La granada había sido desactivada con anterioridad.

-¿Se trataba de una broma?
-Eso supongo, el niño me estaba gastando una broma que casi le resulta mortal.

-¿Cómo se reacciona ante una situación límite como esa?
-En ese momento estaba conmocionado, caí al suelo, me puse las manos en la cara y empecé a llorar. Podía haber matado a ese chiquillo por nada, y hubiera tenido que soportar los remordimientos y el sentimiento de culpa durante toda mi vida, por no hablar de la temporada que seguramente me habría tocado pasar en la cárcel de Long Binh.

-Al menos seguía vivo
-Sí, me encontraba destrozado de los nervios, ausente, pero vivo. Durante unos instantes me quedé mirando fijamente las piezas de la granada que estaban en el suelo y ni me di cuenta de que me encontraba completamente solo y en silencio. Sin darme cuenta los niños habían desaparecido…
Permanecí un rato más en el suelo intentando asimilar todo lo que me había pasado, y a los pocos minutos escuché ruidos de motores. El convoy se acercaba a mi posición rodeado de una espesa nube de polvo.
Cuando llegaron a mi altura, un Sargento bajó de un salto de su camión y se dirigió a mi sonriendo, se me quedó mirando un instante y me dijo: “¿Que le sucede señor, parece haber visto a un fantasma”, “Está en lo cierto Sargento, lo he visto”, contesté.

Aún me ocurre, a veces en las noches tranquilas todavía escucho ese particular sonido metálico, ese maldito “click”.


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