La última batalla


Los osarios de Hue
11 noviembre 2010, 12:28
Filed under: Guerra de Vietnam | Etiquetas: , ,

16 de marzo de 1968, en una pequeña aldea llamada My Lai, situada en la provincia de Quang Ngai, las tropas norteamericanas de la Compañía Charlie del 1er Batallón perteneciente al 20º Regimiento de la 11ª Brigada de Infantería, a cuyo mando se encontraba el Teniente William Calley, comenten una gran atrocidad. Unos 128 civiles entre los que se encontraban mujeres y niños, son masacrados a sangre fría.


Tte. Calley

Cuando se conocieron estos escalofriantes hechos, la repercusión mundial fue grandísima, y el impacto en los EE.UU brutal. Se compararon a las tropas norteamericanas con sus antepasados, los exterminadores de indios, y se aprovechó el horrendo crimen para pedir el fin de la guerra, que se saliera cuanto antes de Vietnam.

El 30 de enero del mismo año, en el Tet, fiesta del Año Nuevo, los Batallones números 800 y 802, reforzados posteriormente por el 804 y todos pertenecientes a dos Divisiones escogidas por Hanoi, la 5 y 324, asaltaron la ciudad de Hue. A este poderoso despliegue se unieron grupos guerrilleros y comisarios políticos. En total se trataba de unos 12.000 hombres, los cuales tomaron al asalto toda la ciudad a excepción del Cuartel General Survietnamita de la 1ª División, en la Ciudadela y el Complejo Norteamericano del MACV, situado en el Sur, al otro lado del río Perfume.

Poco después llegó la reacción, el contraataque es liderado por los Marines, que acompañados por fuerzas del ARVN, logran sitiar a los ocupantes. Tras una sangrienta batalla y una feroz persecución que costó unas 5.000 vidas, el 24 de febrero y con la ciudad semi destruida, la bandera comunista es definitivamente arriada del Palacio Imperial.

Después de enterrar a los muertos, vacunar a los vivos, y realizar un nuevo censo, se echaron en falta unas 5.800 personas, de las que no quedaba ni rastro. ¿Qué había sido de ellas?

Pasarían 20 meses hasta que se empezara a “encontrar” a los desaparecidos de Hue, todos ellos en osarios diseminados por los alrededores de toda la antigua capital imperial. Curiosamente este hecho no es muy conocido, y a diferencia de lo sucedido en My Lai, apenas tuvo publicidad en los medios.
Sin embargo, tras comprobar la triste realidad, quedó claro para muchos lo que podría suceder a los que rechazaban el comunismo si se les abandonaba a su suerte, como en su día, tras conocer lo sucedido en My Lai, muchos reclamaron.

El objetivo inicial de los comunistas era tomar la ciudad durante una semana y luego retirarse, siendo este periodo inicial el correspondiente al desarrollo de juicios sumarísimos y ejecuciones públicas de los principales “enemigos” del comunismo: policías, funcionarios públicos, y tanto líderes religiosos como universitarios. En total se acabo con unos pocos centenares de “elementos sociales negativos”.

La segunda fase coincide con la creencia de los mandos militares norteños de que podrían conservar la ciudad, las noticias sobre el éxito de la ofensiva del Tet parecía albergar esperanzas de ello.
Los comisarios políticos actuaron entonces con celeridad , exigiendo la eliminación de los elementos pertenecientes al antiguo régimen social, multiplicándose las liquidaciones de bonzos (monjes budistas), sacerdotes católicos, dirigentes de movimientos juveniles, líderes estudiantiles, líderes intelectuales que despreciaban el comunismo…etc.
Un total de 2000 personas fueron sacadas de su domicilio y ejecutadas junto con sus familias, sirvientes y mascotas. Con un total orden y la calma, el pelotón de ejecución entraba en sus casas y no dejaba ni rastro de vida.

Al final del contraataque y una semana antes de que se produjese la expulsión definitiva de las tropas y elementos comunistas de la ciudad , los mandos clandestinos comprendieron que ya no podrían volver a su antigua vida sin hacer olvidar las ejecuciones por ellos ordenadas. Bueno, realmente sólo existía una posibilidad, no dejar testigos que pudieran denunciarles….

Naturalmente por tanto, la mayoría de las grandes matanzas provienen de este negro periodo, ya que ahora los ciudadanos conocían a la perfección los miembros de la organización clandestina comunista, y no debían quedar testigos.

El 26 de febrero al abrir una zanja en el patio del liceo Gia hoy aparecieron ciento sesenta cuerpos, y en los días siguientes se descubrieron otras dieciocho fosas, la más importante en la pagoda Quang Tu con 67 víctimas y la de las Sepulturas Imperiales, con 201. En total se localizaron 1.200 cadáveres, en muchos de los cuales se observaban indicios de tortura ya que tenían atadas las manos con alambre de espino, y la boca amordazada, sospechándose que muchos habían sido enterrados aún con vida.
Testigos afirmaron que durante los últimos días los Vietcong habían perdido el juicio y que sólo pensaban en aplicar represalias y eliminar a “sospechosos”.

Faltaban aún cuatro mil seiscientas personas, se llegó a pensar que quizás podrían haber huido, no se sabía absolutamente nada de ellos.

Casualmente y veinte meses después, en una comarca próxima al mar de China se descubrieron gracias a que un campesino tropezó con un alambre, unos osarios impresionantes, procediéndose de inmediato a escavar en lugares como Vinh Lu, Le Xa Dong y Xuan O.
En septiembre de 1969 fueron desertores quien informaron sobre el osario de la caleta Do Mai donde cuatrocientas veintiocho personas fueron ejecutadas de un balazo o con golpes de pala. Al parecer, se les agrupaba alineados en grupos de diez o veinte y frente a una fosa cavada previamente se les abatía a tiro de ametralladora. A veces se encontraron hasta tres o cuatro “capas” de cuerpos…

Todos ellos residían en el barrio católico de Phu Cam y habían buscado refugio en una Iglesia. El can- bô (comisario político) les hizo salir mediante el pretexto de llevarles tres días a un cursillo de adoctrinamiento y luego podrían regresar a sus casas.
Poco después aparecieron otros 2.000 restos en tumbas mal disimuladas, algunas a mas de 20Km de Hue.

Desde fechas inmemoriales los comunistas habían profesado un odio terrible contra el foco intelectual que representaba Hue, y la indiferencia mostrada por su élite social y cultural hacia el marxismo-leninismo. Había llegado la hora de tomarse la venganza.

Fuentes:

“Viaje al fin de la guerra” de Jean Larteguy


4 comentarios so far
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Enhorabuena, como siempre un excelente artículo. Creo que el asesino Calley aún está pagando sus crímenes pero ¿por qué no me sorprende que nadie, sobre todo los ciudadanos de Occidente, protestara por la masacre cometida por los comunistas? ¿Por qué siempre es de esa reiterada manera y nadie, por poner otro ejemplo, ponga al mismo nivel de inhumana brutalidad y sadismo al comunismo con el fascismo y el nazismo? Ahora cualquiera podrá llamarme facha, reaccionario u otra clase de lindezas, me da igual porque abomino de esas ideologías, pero el “horror”, como decía Kurtz en la película AN, es cristalino, puro y, añado yo, no tiene dueño.

Comentario por Jean

Es que es así, tal cual. Tenemos ejemplos en la Segunda Guerra Mundial, en la Guerra Civil, en Vietnam y en conflictos recientes como el enfrentamiento Israel-Hezbolla, las guerras balcánicas, Irak, Afganistán…etc…
¿Por qué sucede esto? Ni idea.

Comentario por jesuspdlr

Disculpen, pero los números de los asesinatos estan algo exagerado (Douglas Pike?), según los comunistas fueron cerca de 1600 los “civiles” ajusticiados.

Comentario por Juan

Hola Juan, bienvenido.

Los datos que cito aparecen en el libro del periodista francés Jean Larteguy cuyo título está presente al final del texto. Él recogió los testimonios de los supervivientes de Hue.
Los comunistas dicen que la matanza la ocasionaron los americanos.
Cada uno es libre de sacar sus conclusiones y creer lo que estime.

Un saludo.

Comentario por jesuspdlr




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