La última batalla


Vietnam. Cárcel de mujeres
21 junio 2011, 21:22
Filed under: Guerra de Vietnam

Oriana Fallaci marchó a Vietnam como corresponsal de guerra en 1967. Sus vivencias allí fueron muy intensas, ya que además de coincidir su estancia con la Ofensiva del Tet y vivir momentos de cierta tensión en Hue, su forma de ver esta guerra y las ideas preconcebidas con las que partió de su Florencia natal, cambiaron a medida que su estancia se prolongaba.

De dicha experiencia nació el libro “Nada y asi sea”, textos donde además de tratar el aspecto bélico y cruel de la guerra, el dilema moral es constante a lo largo de sus páginas. De aquí he sacado la siguiente anécdota, sin duda graciosa, pero también real.

En 1968 Oriana visitó el campo de prisioneros de Qui Nhom. En esa época había cinco campos de prisioneros en Vietnam del Sur(Bien Hoa, Pleiku, Da Nang, Can Tho y Qui Nhom, abriéndose poco después el de Phu Quoc). El campo de Qui Nhom era el único donde el número de mujeres superaba al de hombres, (429 por 311) y estaba en proceso de ser el único campo de prisioneros de mujeres en todo el país.


1969, instalaciones en Chu Lai.

Se trataba de un campo enorme, situado en valle casi desierto, rodeado de alambres de espino, y con torres de vigilancia cubiertas por centinelas. La sección de mujeres estaba separada de la de los hombres por un pasillo de dos metros de ancho, con alambradas a ambos lados. Las instalaciones eran también similares, barracones con capacidad para cuarenta personas y en torno a éstos, grandes patios. Todo se encontraba limpio.

Oriana se entrevistó con el Mayor Cook, consejero del MACV, que se encontraba al mando del campo desde julio de 1967. El primer problema que tuvo el americano vino de manos del responsable vietnamita, el Teniente Le Van Phuc, quién le inquirió el tema de los paños. ¿Qué paños?, preguntó, “Mayor, son mujeres….”
Naturalmente, el mantenimiento del campo correspondía a los americanos, y a eso se agarró el vietnamita.

A Cook le dijeron en el MACV que lo estudiarían, pero no respondieron. Telefoneó entonces a su Coronel, que soltó una enorme carcajada, le dijo que él hacía la guerra, y que no tenía una distribuidora de paños, dejándole con la palabra en la boca….
Ni corto ni perezoso el valiente (quizás temeroso) Mayor telefoneó al General. Los gritos que salieron de su despacho se escucharon en todo Saigon, el viejo tenía que ocuparse del traslado de tres Divisiones, y sus hombres no usaban paños. Como le tocara las narices otra vez con este tipo de chorradas le iba a meter un puro de cojones.

No le quedaba otra alternativa que la normal en estos casos, escribir a su mujer. A las tres semanas le llegó la carta de respuesta y la solución, los nuevos paños se fabricarían a partir de las vendas con la que se trataban a los heridos y de algodón hidrófilo.

Por eso digo que en estos casos de problemas e imprevistos que afectan a las mujeres, lo mejor es buscar a alguna y que den ideas. Al Mayor Cook estuvo a punto de costarle una comparecencia ante un Tribunal Militar.


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