La última batalla


POW/MIAs del ARVN. ¿Qué fue de ellos?
11 septiembre 2011, 20:29
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30 de abril de 1975, fecha en que acaba oficialmente la guerra de Vietnam. Los comunistas entran triunfantes en Saigon.
¿Qué pasó después?. Muchos vietnamitas huyeron a la desesperada buscando una nueva patria, mientras que otros se quedaron, confiando en que el nuevo régimen buscara la reconciliación, y que a pesar de la derrota, todo empezara de cero. Lamentablemente esto no fue así…

En mayo, y tal como sucedió posteriormente en la Camboya de los Khmer Rouge se ordenó a determinados grupos de la población a inscribirse en un registro. Posteriormente se sometería a una reeducación a todos aquellos que habían tenido contacto o habían formado parte de cualquier órgano u actividad patrocinada por el Gobierno de Vietnam del Sur.

Los pocos periodistas a los que se les permitió estar en el país fueron guiados a determinadas instalaciones donde se mostraba todo lo negativo que había llevado el capitalismo. En un antiguo colegio católico del barrio de Tu Duc (a las afueras de Saigon) las autoridades habían reunido a seiscientas muchachas que había que purificar por medio del trabajo productivo, habían sido prostitutas, y tras un periodo de rehabilitación contribuirían a la producción en las llamadas “nuevas zonas económicas”, es decir, en los campos de reeducación. En otro recinto de la antigua capital del Sur se reunía a los drogadictos, que tras su curación también serían enviados a las “nuevas zonas económicas”. Lo mismo sucedía en el orfanato de Diuc Quang, al este de Cholón, donde se encontraban los huérfanos, bastantes de ellos euroasiáticos…

El trabajo físico en los campos era duro, se ordenaba la limpieza de campos minados, la tala de árboles, la plantación de cultivos, desmontes de secciones de jungla, construcción de cuarteles, letrinas, pozos…etc. Los internos se organizaban en secciones y las unidades de trabajo se veían obligadas a competir entre sí para ver quien lograba mayores registros de trabajo. A los denominados “perezosos” se le ordenaba hacer un trabajo de compensación los domingos, mientras que otros eran esposados y confinados en celdas individuales.

A partir de 1980 se estableció que los prisioneros podían ser visitados por sus familiares una vez cada tres meses, por un periodo que oscilaba entre quince y treinta minutos. Sin embargo, el continuo cambio de ubicación de los recluidos dificultaba mucho a sus familiares realizar las visitas.

Aunque en 1989 la administración Reagan llegó a un acuerdo para la liberación y acogida de antiguos militares del ARVN y funcionarios del Sur, algunos no fueron liberados hasta el año 2000.
Recientemente se ha conocido una interesante iniciativa de uno de estos antiguos prisioneros:


Thanh Dac Nguyen

Todos los días, cuando los guardias conducían a Thanh Dac Nguyen en dirección a la selva para otro turno de trabajo agotador, él lanzaba una piedra en el montón de tierra roja donde había sido enterrado su amigo más cercano. Era la única manera que conocía para marcar el lugar y así algún día poder cumplir su promesa.

Nguyen y Le Xuan Deo, eran antiguos militares del ARVN (Army of the Republic of Vietnam ), que cuando los comunistas tomaron el control del país tras la guerra, fueron internados en un campo de reeducación. Un día Deo cayó gravemente enfermo, sufría escalofríos y fiebre muy alta, propiciada seguramente por la disentería. Nguyen, sabiendo que sería su fin se arriesgó a ser golpeado por los guardias y se coló en su tienda para despedirse, pero llegó un minuto tarde…

“Cuando Deo murió, sus ojos estaban abiertos, muy abiertos”, recuerda Nguyen. “Esto significaba que no quería irse, y que antes de morir estaba muy, muy alterado, así que le dije: No te preocupes, trataré de ponerme en contacto con tu familia”.

Más de tres décadas después, Nguyen – ahora un jubilado de 70 años de edad, y que emigró a los EE.UU – ha vuelto a su patria para cumplir su promesa y para buscar en la jungla las tumbas de sus compañeros perdidos.

Muchos vietnamitas creen que un alma vaga sin rumbo hasta que sus restos son devueltos a su familia y reciben un entierro apropiado. Con ese fin Nguyen fundó en Houston la organización “The Returning Casualty,” cuyo objetivo es encontrar a aquellos que murieron en campos de reeducación y dar a sus restos el descanso que merecen.

Los EE.UU. y Vietnam desde hace bastantes años trabajan conjuntamente en la recuperación de los restos de miembros del ejército estadounidenses, pero las cuestiones relacionadas con los soldados de Vietnam del Sur siguen siendo espinosas.

Después de que la guerra de Vietnam terminara en 1975, Hanoi tomó a miles de combatientes del sur que, como Nguyen, se había aliado con los EE.UU para luchar contra el norte. Estos hombres fueron calificados de traidores y enviados a campos de reeducación durante semanas o años, para ser adoctrinados en el dogma marxista.

El tiempo ha mitigado gran parte de la amargura y desconfianza, pero sin embargo, el gobierno vietnamita sigue sin comentar abiertamente cuantos combatientes del ARVN fueron asesinados o permanecen aún desaparecidos, número que desde los EE.UU se estima en alrededor de 250.000. Además, el antiguo cementerio militar de Vietnam del Sur fue cerrado a las familias de los fallecidos después de la guerra, y su terreno sigue cubierto por una maraña de malas hierbas y escombros.

El gobierno no respondió a una solicitud de “The Associated Press” para obtener información sobre los esfuerzos para encontrar los restos de los prisioneros de los campos, y tampoco recibió autorización para visitar la excavación en un cementerio.

“Los campos de reeducación son sin duda un tema muy sensible en Vietnam, pero todo el mundo sabe que los campos existieron y que la gente murió en ellos”, dijo Stephen Maxner, director del “Vietnam Center and Archive at Texas Tech University”.

En 2006 Nguyen consiguió la oportunidad que necesitaba cuando con motivo de la visita del ex presidente George W. Bush, un amigo suyo viajó a Vietnam como parte de una delegación de los EE.UU. Fue entonces cuando se propuso la idea de que para acercar a los dos países se debería permitir a los vietnamitas y a los americanos volver a reencontrarse con sus seres queridos que habían muerto en los campos de reeducación. Nguyen se sorprendió cuando supo que el gobierno vietnamita estaba de acuerdo con ello.

Durante su estancia en los campamentos, Nguyen, un antiguo Major del ARVN, dice que los hombres comían principalmente arroz, y que a pesar de la extensión de las enfermedades, y de la gran presencia de sus transmisores, los mosquitos, las medicinas eran escasas.

Tras la muerte de Deo, Nguyen se aseguró de que su amigo fuera enterrado en un lugar en las afueras del campamento, en la selva, lejos de las otras tumbas, para así no tener problemas para encontrarlo más tarde. Cuando podía se detenía para rezar o dejar flores, pero siempre dejando caer una piedra en el montículo.

En un momento dado Nguyen sufrió un ataque de diarrea que puso en peligro su vida. Rezó a todo los que se le ocurrió, desde Buda a la Virgen María, y llamó a los espíritus de Deo y de sus otros amigos muertos. Si sobrevivía juraba encontrar la manera de darles sepultura digna.


Nguyen aún conserva esta talla budista desde los días de cautiverio

Nguyen permaneció durante nueve años y cinco meses en una serie de campos de reeducación. Después de ser liberado en 1984, tardó otros seis años en llegar a los EE.UU gracias a un programa de reasentamiento federal.

Allí, Nguyen tras instalarse en Houston trabajó siete días de la semana en una tienda y como profesor de conducción por solo $ 800 al mes. Se vio por tanto obligado a abandonar la promesa que había hecho, al menos hasta que ganó años y logró educar a sus cinco hijos. Durante estos años aprendió por si mismo inglés y trabajó como traductor y asistente de otros inmigrantes vietnamitas.

En 2008 cuando retornó a Vietnam, el Campo nº6, situado en la espesa selva de las montañas del norte de Vietnam, fue su primera parada. Junto con la esposa y la hija de Deo, encontró la tumba de su querido amigo.”Sólo hay una tumba en la selva”, dijo. “Es él, recuerdo el lugar.”

Los restos de Deo fueron llevados a su casa, en el centro de Vietnam, donde fueron enterrados, pero el trabajo de contactar con el resto de las familias sólo acababa de empezar.

Daniel Luong de Los Angeles supo del grupo de Nguyen a través de un anuncio en un periódico vietnamita. Luong tenía sólo 12 años de edad en 1976, cuando vio por última vez a su padre, un ex Capitán de Artillería, en un campo de reeducación en el sur del Delta del Mekong. Le dijo adiós durante la fiesta más grande de Vietnam, el Año Nuevo Lunar conocido como Tet, pero no pudo darle un abrazo porque los guardias armados con fusiles AK-47 estaban demasiado cerca.


Daniel Luong con una fotografía de su padre

Cuando Luong y su madre regresaron para su próxima visita, los presos se habían ido, y nadie sabía dónde. Meses más tarde, unas cuantas cartas les llegaron con matasellos de Hanoi. Luego nada…

La madre de Luong escribió a las autoridades vietnamitas exigiendo saber si su marido aún estaba vivo. Finalmente llegó el certificado de defunción donde se decía que Luong Van Hoa había muerto de malaria en el norte de Lang Da.

“En ese momento, la guerra ya había terminado. No éramos nada. Nos transformamos en la casta más baja de nuestra sociedad, y fue una verdadera lucha por sobrevivir”, dice Luong. “Y no había manera de poder ir a visitar su tumba.”

En 1979 la familia subió a un bote destartalado y junto con otros miles huyó a los EE.UU, se trataba de los llamados “boat people” vietnamitas. Luong finalmente se graduó de la Universidad Estatal de California, pero los recuerdos de su padre continuaban persiguiéndolo.

En julio pasado, Nguyen y Luong viajaron juntos al antiguo lugar donde estaba el campo de Da Lang, en el norte de Vietnam. Fue la primera vez que el gobierno vietnamita permitió la excavación de un cementerio completo. En una colina cubierta de hierba sobre el valle del río, quemaron incienso y rezaron…

Luong, ahora con 47 años, descubrió rápidamente una lápida con el nombre de su padre y su ciudad natal. Fue lo más cerca que había estado de él desde que se despidió hace 35 años.


“Me hizo llorar”, recuerda. “Lágrimas de alegría y tristeza.”

En el cementerio, los trabajadores excavaron con palas y azadones, desempolvando cráneos y huesos de piernas aún envueltos en los uniformes verdes del ejército. No encontraron placas de identificación u otras formas de saber a quien correspondían, pero muestras de huesos para realizar análisis de ADN fueron enviadas a un laboratorio forense de la Universidad del Norte de Texas.


Nguyen en los laboratorios de identificación de ADN

El equipo recuperó 12 grupos de restos de los 32 cuerpos enterrados allí. Los otros se cree que se tomaron años atrás por los propios familiares que aún viven en Vietnam. Había lápidas movidas y otras que faltaban por completo, lo que hace pensar a Nguyen que algunos restos podían haberse tomado confundidos.
Casi un año después del día que Luong encontrara la lápida, recibió la noticia: el ADN coincidía…

Luong espera que el gobierno otorgue el permiso para que todos los cuerpos recuperados en el cementerio del campamento sean trasladados a un templo de la antigua Saigón, y así la gente ore por ellos.

Se espera que con el tiempo los restos de sus hermanos caídos se les puede dar un entierro digno en el antiguo Cementerio Militar de Vietnam del Sur, sito en Bien Hoa, pues se dice que las almas de los enterrados dentro de los límites de los campos de reeducación, permanecen aún en prisión.


1974. Tumbas de militares del ARVN en el Cementerio Militar de Bien Hoa

DEP

Fuentes:

http://www.forbes.com/feeds/ap/2011/09/09/general-as-vietnam-war-promise_8667294.html
http://en.wikipedia.org/wiki/Reeducation_camp
“La muerte en el arrozal” de Peter Scholl-Latour
http://www.chron.com/news/article/Vietnamese-re-education-camp-prisoner-kept-promise-2162304.php#photo-4


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