La última batalla


Combates en Na San

Corría el año 1952 y la victoria de Mao en China acontecida dos años antes había propiciado que el Viet Minh, movimiento nacido como una banda de escurridizos guerrilleros cambiara su estructura, convirtiéndose gracias al apoyo suministrado por el vecino comunista, en un ejército convencional formado por divisiones de 10.000 hombres que contaban con el apoyo de artillería ligera móvil. Para el mando francés era evidente que desplazar y proporcionar suministros a semejante fuerza era mucho más complicado que hacerlo con los anteriores grupos furtivos que formaban las guerrillas, circunstancia que podía permitir a la Fuerza Aérea Francesa monitorear de forma más sencilla sus movimientos, sometela un constante acoso, y eliminar así el temido factor sorpresa.

Con este nuevo panorama se pensó que mediante el único uso de los aparatos de transporte suministrados por los americanos se podrían sostener poderosas guarniciones en las montañas de Tonkin, que serían defendidas con artillería y contarían con el apoyo de batallones de paracaidistas para la realización de agresivas operaciones. El nuevo objetivo sería obstaculizar y canalizar los movimientos de las ahora grandes unidades regulares enemigas y atraerlas al combate en el lugar donde los franceses eran más fuertes.
Este concepto de base aislada, situada en zonas remotas y sin apenas acceso terrestre puesto en marcha por los franceses no era nuevo, contaba con el esperanzador precedente de los “Chindit” británicos durante la campaña de Burma (1944).

La acción no tardaría en sucederse y el enfrentamiento estaba listo. Desde mediados de octubre de 1952 el comandante en jefe del VietMinh, el General Vo Nguyen Giap conducía desde la frontera china tres de sus divisiones (308ª, 312ª y 316ª) mejor entrenadas y equipadas a las tierras altas Thai, región de cimas boscosas, situada en el noroeste de Tonkin y al norte de la frontera con Laos. Hasta hacía un año esas poco pobladas tierras altas apenas habían sentido en sus carnes la guerra de Indochina, ya que la acción se había centrado 100 millas al este, en el delta del río Rojo, pero desde el otoño de 1951 el General Giap había abierto un nuevo frente…

Las gentes de las tribus que ocupaban esta zona fronteriza no apoyaban la causa comunista, y los franceses no habían necesitado proteger el territorio mas que con una pequeña cadena de fuertes dispersos a lo largo de las estribaciones de los ríos Rojo y Negro, estando la mayoría ocupados por guarniciones de reclutas locales.
Al no existir apenas carreteras, las líneas de comunicación con esos remotos puestos eran a través de medios aéreos y en menor medida por los caminos abiertos en la jungla. Muy pocos disponían de pistas en las que pudiera aterrizar una pequeña avioneta, así que las operaciones de reabastecimiento y refuerzo a gran escala debían hacerse mediante el uso de paracaídas.

La campaña lanzada por Giap había ido sistemáticamente barriendo estos fuertes, y aunque los paracaidistas franceses habían realizado operaciones de sacrificio para ganar tiempo en la retirada, ahora el resto de las guarniciones al oeste del río Negro estaban siendo fuertemente presionadas.

El pilar de sustento francés y lugar donde se quería dirigir la batalla estaba situado en Na San, antiguo puesto de avanzada situado en la RP 41 (Ruta Provincial 41) en el cual, protegida por las colinas circundantes se había construido una pista de aterrizaje con planchas de acero perforado para que pudiera utilizarse por los C- 47, y donde se había cavado a toda prisa un campo atrincherado para frenar el hasta ahora imparable avance Viet.


Trabajos en Na San.

Durante toda la fase de construcción de la base aeroterrestre, un C-47 Dakota o bien un Bristol 170 llegaba de Hanoi cada diez minutos (el viaje duraba unos 45minutos) durante al menos seis horas al día, trasladando en total unas 3.000 toneladas de material, entre lo que se incluía 300 toneladas de alambre de espino y más de cien camiones, bulldozers y jeeps, para transportar entre otras cargas cientos de metros cúbicos de troncos para cubrir la parte superior de las defensas excavadas en el terreno y que constituían los puestos de tiro.

Al mando de Na San se encontraba el Coronel de los paracaidistas Jean Gilles, que contaba con una fuerza mixta de 12 batallones formada prácticamente todos los elementos que formaban el CFEO (“Corps expéditionnaire français d’Extrême-Orient”): paracaidistas coloniales, infantería y paracaidistas de la Legión extrangera, fusileros del norte de Africa, vietnamitas del delta del río Rojo y Thais reclutados de los alrededores. Casi todos los oficiales eran franceses continentales o “pieds-noirs” de las colonias francesas del norte de Africa.
A este heterogéneo grupo se le conocía como GOMRN (“Groupement Opérationnel de la Moyenne Rivière Noire”).

Para defender Na San el mando francés utilizó por primera vez una táctica denominada “erizo”. En el perímetro exterior se habían construido unos puntos de apoyo (PA) atrincherados rodeados de alambre de espino y minas, la mayoría defendidos por compañías de unos cien hombres y dispuestos para ocupar un desigual anillo de colinas que cubrían unas tres millas y que rodeaba la pista de aterrizaje, que se encontraba en el valle inferior.


Punto de apoyo.


Para poder subir hasta estas cimas raciones de campaña, bidones de agua y municiones suficientes para repeler prolongados ataques se utilizaron grupos de mulas.

En el interior de estas defensas y también en torno a la pista se había construido otro anillo de puntos fuertes atrincherados, el cuartel general, puestos médicos, almacenes de suministros y posiciones de artillería y morteros pesados.

Sin embargo, durante la tercera semana de noviembre la guarnición se encontraba incompleta, las defensas no estaban totalmente listas y la mayoría de la artillería no se había ubicado en sus posiciones. Fue entonces cuando sin aviso previo llegó el VietMinh…

El PA8, situado en el norte del anillo interior se encontraba a cargo de sólo 110 hombres de la 11ª compañía del III/5e REI (3er batallón, 5º regimiento de infantería de la Legión), pero estaba excepcionalmente construido. Su comandante era el Capitán Letescu, hombre que con anterioridad había servido en la Línea Maginot y que sabía perfectamente como disponer una posición defensiva.
Sin embargo, todo el voluntarioso trabajo de sus legionarios podría haberse ido al traste la noche del 23/24 de noviembre…

Sin advertencia previa y con ausencia de fuego de preparación, el Batallón 322 del Regimiento 88 “Tam Dao” perteneciente a la División 308 se infiltró al amparo de los nerviosos movimientos de algunas unidades Thai hasta la alambrada norte de PA8, lanzando a las 8pm el asalto.
La sorpresa fue total, el Teniente Durant, el otro oficial presente cayó casi inmediatamente, y la crítica situación obligó a Letescu a ordenar un desesperado contraataque para en un combate cuerpo a cuerpo lograr expulsar a dos pelotones Viet que ya se habían introducido en las trincheras. El enemigo fue finalmente rechazado a las 9.30 pm, pero el precio pagado resultó muy caro, la 11ª compañía había perdido 15 hombres y contaba con otros tantos gravemente heridos.


Contraataque de los Legionarios.

Mientras tanto, y como preludio de otro ataque, a las 11 pm empezó a caer fuego de mortero pesado en la zona sur de la posición. En ausencia de artillería, el Capitán Letescu contactó por radio con la compañía de morteros de la Legión extrangera para que el Teniente Bart pusiera en marcha sus diez piezas sobre el sector amenazado. La 5ª compañía del 3e BPC (3er batallón de paracaidistas coloniales) de la reserva central fue enviada como refuerzo, llegando justo a tiempo para rechazar al enemigo.

El tercer ataque llegó a las 12.30 am por la zona oeste, y al igual que los dos anteriores fue contenido. En esta ocasión destacó la actuación de un PIM (“Prisonniers Internés Militaires”), un prisionero Vietminh que llevaba ya tiempo con la compañía realizando tareas logísticas, y que por iniciativa propia sustituyó a la herida dotación de una pieza de morteros de 60mm cargando y disparando sin descanso.
Finalmente el enemigo huyó al amparo de la oscuridad llevando tras de sí la mayor parte de sus muertos, abandonando en los alrededores 64 cuerpos y cinco heridos graves.


Cadáveres del VietMinh.

A la mañana siguiente el Coronel Gilles, hombre no muy dado al elogio público, dijo que gracias al Capitán Letescu se había salvado Na San, y ordenó a los oficiales de los otros puntos fuertes ir a examinar su “magistral” ejemplo de fortificación.

Giap había intentado el asalto mediante la infiltración de la primera de las unidades en llegar a la zona, un batallón de su división más veterana y fiable, la 308ª. Ahora tras la derrota se tomaría una pausa mientras preparaba al resto de su fuerza para lanzar una gran ofensiva.

El tiempo también fue bien aprovechado por el Coronel Gilles, que recibió las baterías de obuses de 105mm y su último batallón de paracaidistas, contando también con la colaboración del Mayor Vaudrey, un oficial con larga experiencia en el país Thai y que había sido seleccionado personalmente por el comandante en jefe francés, el general Salan.

La noche del 30 de noviembre al 1 de diciembre se desató un fuerte ataque en PA 22bis, posición más occidental del anillo defensivo exterior y que estaba guarnecido por una compañía del 2º Batallón Thai. A pesar del fuego de apoyo de los morteros de la Legión, el enemigo muy superior no pudo ser repelido, y tras veinte minutos hubo un repliegue general hasta la pista de aterrizaje.
Los Thais eran buenos guerreros, pero sólo en su terreno natural, no en las trincheras, donde carecían del temperamento y del entrenamiento para aguantar la posición soportando el fuego de morteros de 120mm y de cañones sin retroceso de 75mm.

La situación se tornó muy grave; si el enemigo (se trataba del Batallón 165 del Regimiento 141 perteneciente a la División 312) mantenía el control sobre la colina, la pista de aterrizaje estaba condenada; el 2e BEP (2º batallón paracaidista de la Legión) fue alertado para llevar a cabo el contraataque, pero antes, el coronel Gilles ordenó un fuerte castigo artillero.

Llegó un Dakota desde las lejanas pistas del Delta, y volando en círculos empezó a lanzar periódicamente bengalas en pequeños paracaídas para facilitar la labor de las piezas. Tras dos horas de intenso fuego y cuando estaba a punto de amanecer, una compañía paracaidista tomó la colina sin dificultad.

En PA24 todo resultó diferente. El punto estaba guarnecido por una compañía Thai y otra de Infantería Marroquí cuando fue asaltada por el Regimiento 102º (“Ba Vi”) perteneciente a la División 308ª. Los defensores aguantaron un ataque de morteros y dos “oleadas humanas”, pero a la tercera carga fue la vencida y la posición fue rebasada.
Al amanecer se ordenó a los paracaidistas del 3e BPC , a dos compañías del 2e BEP (2º batallón de paracaidistas de la Legión), y a una del II/6e RTM (2º batallón del 3er regimiento de “tirailleurs” marroquís) lanzarse el contraataque. El “Ba Vi” había excavado refugios en la ladera opuesta y aguantó las sucesivas acometidas apoyadas por fuego de artillería y bombardeo aéreo, pero finalmente a las 4pm y tras diez horas de combates, los paracaidistas retomaron la posición.


Evacuación de los heridos.

El día 2 se encontraron unos documentos en el cuerpo de un oficial del Vietminh en los que se confirmaba la importancia primordial que se había concedido a la conquista de esos dos puntos fuertes con el fin de instalar en ellos piezas antiaéreas y de lanzar fuego de observación de mortero sobre la pista.

La siguiente noche, (1 al 2 de diciembre), el General Giap volvió a repetir su táctica y lanzó un nuevo ataque sobre PA21 bis, punto situado en una escarpada y arbolada colina del extremo suroeste del anillo defensivo exterior, custodiado por la 10ªcompañía III/5e REI del Teniente Bonnet, unidad hermana de la 11ª del Capitán Letescu y cuyo trabajo en PA8 había sido tomado muy en serio.
Esta colina era la segunda que ocupaba la compañía, que había pasado con anterioridad tres semanas cavando en otra posición, y que el 21 de noviembre había sido trasladada. Los malhumorados legionarios pusieron todo su esfuerzo en limpiarla y fortificarla, trabajando incluso durante las noches de luna llena, pero era un descomunal trabajo a realizar por sólo unos cien hombres en diez días.
Ocasionalmente el Viet Minh podía ser visto y escuchado, patrullando y cortando árboles en los alrededores. La situación era apremiante…

Sobre las 8.30pm del 1 de diciembre y bajo un estrellado cielo, ruidos de movimientos alertaron al Teniente Bonnet, que solicitó a las baterías de 105mm disparar sus proyectiles sobre los caminos circundantes. Sin embargo el enemigo continuó con su lenta y cautelosa aproximación, que se hizo evidente con las primeras explosiones de las minas colocadas en el perímetro, y que atrajeron al instante el fuego de los morteros ligeros y ametralladoras de la compañía.

A la 1.30am los morteros y cañones sin retroceso de 75mm del Vietminh empezaron a buscar los emplazamientos y blocaos de la Legión, el ataque provenía de ambos flancos. Los franceses no podían creer como los zapadores enemigos eran capaces de avanzar con un valor suicida en su intento por cortar las alambradas haciendo explosionar las minas a su paso.

La primera acometida fue contenida con la colaboración del fuego de las baterías del 105, pero la presión continuó. El Teniente Bonnet moría al intentar lanzar fuera de su trinchera una granada, tomando el mando el Teniente Bachelier, que moría poco después al recibir un disparo en el cuello. El último oficial de la compañía era ahora el Teniente Blanquefort…


Artillería francesa en acción.

La infantería enemiga se encontraba a menos de 30m y a la desesperada algunas dotaciones de ametralladoras y cañones sin retroceso tomaron la decisión de abandonar el refugio de los blocaos para desde fuera intentar obtener mejor campo de fuego.

Finalmente a las 4am el ataque remitió, aunque continuó el fuego de acoso para cubrir la retirada comunista.
Al amanecer la 9ª compañía llegó en apoyo y se organizaron patrullas. El panorama en el campo de batalla era desolador, el número de armas abandonadas era extraordinario, contabilizándose en los alrededores 350 cadáveres enemigos y unos 50 heridos, lo que suponía una proporción de bajas de 10 a 1.
Tres batallones no había podido tomar la posición de una compañía de la Legión que contaba con apoyo artillero, y se pudo ver como un blocao había soportado ocho impactos directos sin derrumbarse. Todo había salido bien.


El ataque cobró alto precio por su derrota.


El General Salan otorgando la “Croix de Guerre” a la 10ªcompañía del III/5e REI.

Esa misma noche más al este el III/3e REI (3er batallón, 3er regimiento de infantería de la Legión) soportaba en la colina donde estaba ubicado PA26 cuatro oleadas de ataques lanzados por al menos tres batallones VietMinh que contaban con el apoyo de morteros de todos los calibres y cañones sin retroceso de 75mm. Los combates se prolongaron desde la 1.20am hasta las 5.20am. Horas después el Mayor Favreau un curtido oficial veterano de Siria y Tunez, informaba de la destrucción de dos blocaos, 260 cuerpos enemigos recuperados, seis bajas propias y veinte heridos.

Los ataques del 2 de diciembre fueron los últimos que soportó Na San, produciéndose en los días posteriores la retirada general de las unidades Vietminh bajo la cobertura el Regimiento 102º.
El enclave quedó bajo la relajada vigilancia de unidades regionales, y las patrullas fuertemente armadas enviadas en varias direcciones desde la guarnición no encontraron resistencia alguna.

A cuenta de esta victoria, el Coronel Gilles obtuvo sus estrellas de General y permitió que desde el Cuerpo Expedicionario se transmitiera a bombo y platillo un mensaje de gran confianza.


General Gilles con el Comandante De Castries.


El vicepresidente Richard Nixon (le vemos junto al General René Cogni) visitó Na San.

Tras lo sucedido en Na San el concepto de base aeroterrestre pareció quedar justificado y la victoria trajo al Cuerpo Expedicionario la esperanza de haber encontrado el camino de poder acabar con el punto muerto en el que se encontraba la guerra. Durante años parecía que ambos bandos se enfrentaban en dos guerras paralelas; los franceses eran los amos de las tierras bajas del Delta mientras que el Vietminh era el dueño de las montañas, bosques y pantanos. Cuando cualquiera de los dos se aventuraba a penetrar en territorio controlado por el enemigo siempre acababa con su fuerza seriamente dañada.

En septiembre de 1950 el Viet Minh atacó el puesto avanzado francés de Dong Khe, enclave situado en un punto de la RC4 (Ruta Colonial nº4) en la zona montañosa cercana a la frontera con China. En octubre hizo lo propio tanto con las columnas francesas que se retiraban de la aislada guarnición de Cao Bang como con la fuerza de socorro que allí se dirigía. El enfrentamiento fue una debacle para los franceses ya que perdieron 6.000 hombres y material y armamento suficiente para equipar una División vietnamita.
Para el General Vo Nguyen Giap las bajas fueron mínimas y animado por el aparente colapso moral francés lanzó en la primavera de 1951 sus nuevas divisiones sobre Hanoi, al Delta, donde fueron aplastadas por la artillería, blindados y bombarderos franceses.

Giap aprendió la lección y tras los monzones de 1952 decidió penetrar con sus divisiones en territorio Thai con el fin de alcanzar la frontera con Laos y contactar con las fuerzas comunistas del Pathet Lao. La idea era moverse por un territorio donde nunca llegarían las motorizadas tropas francesas.
Mientras, desde el lado francés se decidió colocar en ese camino una base aeroterrestre fuertemente fortificada, apoyada por artillería y vigilada por una fuerza aérea táctica; maniobra que vistos los resultados resultó una adecuada, siendo merecedora de consideración a tener en cuenta en futuros escenarios.

El proceso de autocrítica comunista fue profundo y doloroso, no ya por las más de 3.000 bajas sufridas (algo que nunca importó demasiado a Giap), sino por lo inesperado de la derrota.
La inteligencia Vietminh había fallado de forma estrepitosa; se había subestimado tanto la cantidad de hombres que conformaban la guarnición como los medios con que contaban, no se habían identificado correctamente las unidades y se había asumido que la larga y dolorosa retirada que algunas de ellas habían sufrido para llegar a Na San había minado su moral.
La falta de un punto de observación elevado hizo creer a Giap que las defensas tendrían poco alcance, y que sería posible tomar uno tras otro todos los puntos fuertes, no valorando el potencial de fuego instalado en el anillo interior y su capacidad de contraataque.
Giap comprendió que el uso de la pista de aterrizaje era vital para pode mantener una defensa sostenible, pero le fue imposible tomar de forma definitiva una colina que le sirviera como punto de observación y fuego, errando también en sus estimaciones sobre el daño causado por sus morteros y cañones de 75mm en las fortificaciones del Cuerpo Expedicionario.


Pista de aterrizaje de Na San.

Pasaría un año y tres meses hasta que de nuevo el General Giap se enfrentara al reto de una gran base aeroterrestre similar a la levantada en Na San. El lugar elegido para atraer al combate a las divisiones Viet fue Dien Bien Phu, poblado situado a 65 millas al oeste del propio Na San, y donde marzo de 1954 se produjo un encuentro de “viejos amigos”: Giap, Gilles, 1er BEP, 2ème BEP, III/3e REI, BT2, BT3 (segundo y tercer batallones Thai) y las divisiones 308ª, 312ª y 316ª del Vietminh.

Entonces las cosas no serían iguales ya que Giap había aprendido la lección y no cometió los mismos errores; si no podía tomar y controlar un terreno elevado para utilizarlo como puesto de observación y apoyo artillero, evitaría la batalla. Sería muy importante concentrar gran cantidad de tropas alrededor del objetivo y a lo largo de sus posibles rutas de suministro o retirada. La batalla tenía que ser prolongada y los asaltos debían ser preparados con paciencia para que el costo de sus oleadas humanas no fuera tan precipitado, pero por encima de todo esto, necesitaba artillería pesada para atacar las colinas y otros objetivos, y artillería antiaérea para destruir el vital puente aéreo.

Todo este planteamiento obligaba a un esfuerzo logístico gigantesco, que también requeriría la construcción en todo el trayecto de depósitos de alimentos y munición, manteniendo siempre las líneas de suministro abiertas para lo que sería la batalla más larga en la que ninguno de ellos hubiese participado.

Fuentes:
“The last Valley” de Martin Windrow
http://fr.wikipedia.org/wiki/Bataille_de_Na_San
http://en.wikipedia.org/wiki/First_Indochina_War
“Vietnam, the history and tactics” de John Pimlott
http://patrianostra.forum-actif.eu/t476-la-bataille-de-na-san


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