La última batalla


Vietnam comunista (Parte I)
5 agosto 2012, 15:17
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En abril de 1975 las fuerzas Norvietnamitas tomaron Saigon, la capital de Vietnam del Sur. Era el fin de una larga y sangrienta guerra.

Apenas sin pérdida de tiempo los líderes políticos del norte empezaron a trazar planes para unificar a las dos mitades del país.

En julio de 1976 se anunció la formación de la República Socialista de Vietnam, cuya capital sería Hanoi, la antigua capital de Vietnam del Norte. Aunque se incluyó a algunos funcionarios de Vietnam del Sur en el nuevo gobierno, la mayoría estaba integrado por antiguos funcionarios del gobierno de Vietnam del Norte y por líderes del Partido Comunista.

A pesar de que el proceso de reunificación se realizó de forma bastante rápida, el país tuvo que hacer frente a serios problemas. Uno de los más importantes fue el terrible daño causado en sus tierras de cultivo y en sus ciudades. En el sur varios millones de hectáreas de terrenos agrícolas y 9.000 aldeas habían sido destruidas, mientras que en el norte las seis mayores ciudades industriales estaban seriamente dañadas.

Además de esto, muchas zonas del país seguían experimentando los efectos negativos de la guerra, cada día había campesinos que resultaban heridos o morían a causa de la explosión de minas terrestres o de bombas sin detonar que estaban esparcidas por todo el país, y ya empezaban a nacer niños con graves malformaciones a causa de la exposición de sus madres a defoliantes o herbicidas.

Además de a los daños físicos causados a las personas y los originados en la tierra, el nuevo gobierno de Le Duan tuvo que hacer frente a los problemas económicos. Por ejemplo, en el sur la guerra había dejado a cuatro millones de personas sin trabajo, muchos de ellos funcionarios del gobierno y miembros del ARVN , órganos hasta entonces dependientes totalmente de la ayuda norteamericana.


Le Duan junto a Pol Pot en julio de 1975 durante la visita oficial que realizó Duan a la Kampuchea Democrática. Las primeras “reformas” comunistas no tardarían en llegar a Vietnam…

Los Survietnamitas son “reeducados”.

Cuando los líderes de Vietnam del Norte dieron los primeros pasos para reconciliar las dos mitades del país, expresaron su voluntad de trabajar con la gente de Vietnam del Sur e insistieron que su victoria en la guerra era una victoria de todos los vietnamitas contra el invasor extranjero.

En el sur muchos se sintieron felices por ver el fin de la guerra, algunos porque habían apoyado secretamente a los comunistas, y otros, al ver que los jóvenes soldados llegados del norte no aparentaban ser los monstruos que les habían hecho creer, se mostraron esperanzados con la reunificación. Con su prudente recibimiento y mostrándose dispuestos a colaborar era factible pensar que las cosas podían seguir marchando bien bajo el nuevo régimen.

Sin embargo los líderes comunistas no tardaron en perseguir a sus antiguos enemigos por medio de una campaña de brutal represión. En poco tiempo unos 400.000 survietnamitas que eran vistos como una amenaza para el Comunismo fueron enviados a “campos de reeducación”. Esas gentes no sólo eran antiguos funcionarios del gobierno de Vietnam del Sur y oficiales del ARVN, sino que también eran profesionales cualificados como médicos, abogados, profesores, periodistas, ingenieros y otros intelectuales. Algunos fueron internados directamente en cárceles, y otros enviados a trabajar en penosas condiciones a inmundas plantaciones agrícolas.

En un principio se planeó que la “reeducación” durara cinco años, pero mucho civiles permanecieron en cautiverio mucho más tiempo. Como se pudo comprobar más tarde, mantener a estos ciudadanos con estudios y formación en la cárcel también perjudico al gobierno, ya que su talento y capacidades podían haber contribuido a la recuperación del país.

En 1976 en su condición de periodista de la RDA se permitió a Peter Scholl-Latour visitar Vietnam. Sus impresiones son recogidas en el libro “La muerte en el arrozal”, donde describe lo vivido durante aquellos días.

En Ho Chi Minh City (nueva denominación dada por los comunistas a Saigón tras su liberación..) él y su equipo fueron llevados a visitar distintos centros. El primero era un antiguo colegio católico que estaba rodeado de alambre de espino y vigilado por centinelas, donde había internadas 600 prostitutas que debían “purificarse” de su inmoralidad mediante el trabajo productivo. Tras un “curso de rehabilitación” de seis meses todas ellas serían enviadas a trabajar a las “nuevas zonas económicas”, es decir, al campo.

Otro centro similar convertido en fortaleza albergaba a drogadictos, muchos de los cuales eran jóvenes miembros de la burguesía o bien heridos de guerra, que una vez recuperados de su adicción al opio o heroína tendrían el mismo destino que las prostitutas.
En un tercer centro y sometidos a una férrea disciplina militar se encontraban los huérfanos, en manos de maestros fieles a las líneas del Partido.

Las “nuevas zonas económicas” estaban habitadas por personas evacuadas arbitrariamente de las ciudades y que nunca habían realizado tareas agrícolas. Estas gentes que no disponían de herramientas, abonos ni semillas, pronto sucumbieron ante enfermedades como la malaria y el cólera. Sobra decir que los medicamentos brillaban por su ausencia.
Mediante el trabajo debían liberarse de los hábitos de su clase corrupta…

Los antiguos colaboradores de los norteamericanos fueron internados en campos de concentración al estilo del Gulag soviético, espacios rodeados con alambre de espino, altas torres de vigilancia, ametralladoras pesadas situadas en puntos estratégicos, grandes focos, barracones para los presos…etc

Mientras esto sucedía, los miembros de Partido facturaban desde Tan Son Nhut con dirección a Hanoi numerosos transistores, televisiones, frigoríficos, máquinas fotográficas y demás productos del corrupto sur.

Los “niños del polvo”

Cuando acabó la guerra muchos vietnamitas se encontraron con condiciones de vida muy dificultosas, situación que fue incluso peor para los niños de raza mixta conocidos como asiático-americanos, hijos de soldados americanos y madres vietnamitas.
Durante ese periodo nacieron aproximadamente 30.000 de estos niños, que fueron tratados como parias dentro de la sociedad vietnamita.

En la cultura de Vietnam la identidad de una persona proviene de su padre, y en este caso los padres o bien habían muerto en la guerra o bien habían regresado a los EE.UU a principios de los 70´, cuando las tropas norteamericanas salieron de Vietnam. Es comprensible que la mayoría de los niños tuviera muy poca o ninguna información sobre sus padres, a lo que se sumó que hubo bastantes que una vez finalizada la guerra fueron abandonados por sus madres en las puertas de los orfanatos sin ningún tipo de documentación.

Con el país intentando recuperarse de las consecuencias del largo conflicto muchos vietnamitas se mostraron resentidos con cualquier cosa que les recordara a los americanos, y vieron a los pequeños como “niños del enemigo”. De entre todos ellos fueron los niños hijos de afroamericanos los que recibieron el trato más pobre. El oscuro color su color de piel y su pelo rizado no gustaba en absoluto a los vietnamitas.

A medida que los niños fueron creciendo y adquirieron madurez expresaron su deseo de abandonar su vida de vagabundos en las calles y parques de Vietnam e ir a los EE.UU, país que cambió de actitud respecto a la que mostraba a principio de los 70´. En 1975 el Presidente Ford lanzó la “Operación Babylift” con el objetivo era evacuar a 2.000 huérfanos, muchos de ellos asiático-americanos.

El acta de inmigración de 1982 reconoció a los asiático-americanos como civiles norteamericanos, pero la falta de relaciones diplomáticas entre ambos países impidió a muchos de ellos inmigrar (regresaron sólo unos 500).


Esta fotografía de un niño asiático-americanos con poliomenitis tomada en octubre de 1985 en las calles de Ho Chi Minh City por el fotógrafo de “Newsday” Audrey Tiernan removió las conciencias de medio mundo.

No fue hasta 1986, cuando en las negociaciones secretas que cubrieron una amplia gama de desacuerdos cuando Washington y Hanoi mantuvieron conversaciones directas sobre el futuro de estos niños.
El Acta de Regreso de los asiático-americanos de 1987 estableció un programa específico de ayuda tanto a ellos como a sus familias para abandonar Vietnam y adaptarse a la vida en los EE.UU.

En 1990 unos 22.000 asiático-americanos se habían establecido en los EE.UU, pero sólo un 2% habían localizado a sus padres. Sin lazos tanto en la sociedad norteamericana como en la comunidad inmigrante vietnamita de los EE.UU, muchos tuvieron problemas de adaptación, los buenos trabajos para ellos eran escasos, resultaron vulnerables a las drogas, se integraron en pandillas y muchos acabaron en la cárcel.
En una encuesta realizada en los años 1991-1992, de 170 asiático-americanos el 14 por ciento había intentado suicidarse, el 76 por ciento quería, al menos ocasionalmente, regresar a Vietnam, la mayoría estaban ansiosos por encontrar a sus padres, pero sólo el 33 por ciento sabía su nombre.

Como dice el refrán vietnamita, “los niños sin padre son como una casa sin techo”.

Reformas en la agricultura e industria

Después del establecimiento de la República Socialista de Vietnam los líderes de Hanoi lanzaron una gran campaña para transformar la sociedad vietnamita. El objetivo era conseguir que la mitad sur del país funcionara con el mismo tipo de sistema político que la mitad norte. Bajo este sistema, conocido como socialismo, el gobierno controlaba todos los recursos y formas de producir riqueza, y mediante la eliminación de la propiedad privada buscaba crear una sociedad pareja y sin clases.

En 1978 el gobierno nacionalizó toda la industria y comercio, pasando a controlar fábricas y empresas, estableciendo así el precio de los bienes y supervisando transacciones y todo el tráfico comercial. Ahora toda la economía vietnamita estaría dirigida por un grupo de funcionarios del Partido Comunista.

Mucha gente del sur se tomó mal estos controles, normalizándose la corrupción y los sobornos como forma más fácil de evitarlos. Los chinos, que controlaban casi la totalidad del comercio enarbolaron la bandera de Mao con la esperanza de que se respetara su monopolio, pero de nada les sirvió. Los comisarios políticos de Hanoi les consideraban unos capitalistas, y sus negocios también fueron nacionalizados. Además, el remedio fue peor que la enfermedad ya que una vez acabada la guerra la tendencia anti-china y el viejo antagonismo entre los vecinos crecía por momentos.

El gobierno también puso controles en la agricultura. Tomó las tierras de los pequeños campesinos para unirlas y crear grandes fincas colectivas, entendiendo que así la tierra sería más productiva, y asegurándose de que se sembraran una amplía variedad de cultivos, circunstancia que beneficiaría a toda la gente del país.
Se estimaba que durante la guerra el sistema de las granjas colectivas habían funcionado bien en el norte y que gracias ellas se había conseguido suministrar alimento a su ejército (recordemos la sangrienta “reforma agraria” de 1956 en Vietnam del Norte, que acabó con terratenientes y campesinos ricos)

Los campesinos del sur siempre habían cultivado sus propias tierras, y no les gustaba nada este nuevo asunto de las granjas colectivas. No comprendían el motivo por el cual el gobierno les mandaba sembrar una serie de cultivos que no se adaptaban bien a su tierra, y el tener que vender las cosechas al gobierno a un precio oficial no les dejaba margen para comprar herramientas, fertilizantes y semillas.
A consecuencia de todo ello, tras las reformas socialistas la producción agrícola cayó en barrena, dando lugar a que el hambre se convirtiera en un problema generalizado. Tanto fue así que las raciones de 1978 eran un 25% más bajas que lo que habían sido en los años más duros de la guerra.

El colapso económico causado dio lugar a la inflamación de tres dígitos.

La crisis de la “gente de los botes”

Las reformas establecidas por el nuevo gobierno tuvieron consecuencias desastrosas para el país.

Las gentes del sur que en el pasado había puesto en marcha sus propias tiendas o negocios se iban haciendo conscientes de que con las nuevas regulaciones les iba a resultar imposible seguir ganándose la vida, y los agricultores, agobiados por los controles gubernamentales, sufrían cada vez más el castigo del hambre y con ello la llegada de las enfermedades.

Los programas comunistas causaban cada vez más sufrimiento y penalidades a los vietnamitas, y muchos de ellos no aguantan más. La pobreza generalizada y la represión en sus derechos básicos individuales dieron origen un gran éxodo poblacional que se convirtió en una de las mayores migraciones de los tiempos modernos. A lo largo de los años siguientes, algunas fuentes hablan de hasta 1,5 millones de personas, arriesgaron sus vidas para escapar del país.

La primera oleada humana se produjo en 1975, y estaba formada por 140.000 survietnamitas, en su mayoría, líderes políticos, oficiales del ejército, y los profesionales cualificados, que escapaban de la toma de poder comunista. Pocos consiguieron llegar vivos a otros países.

Los siguientes en abandonar Vietnam fueron ciudadanos chinos, muchos de ellos exitosos comerciantes que trabajaban en las ciudades del sur. En esos años existía una gran tensión política entre la República Socialista de Vietnam y sus vecinos del norte, y el nuevo gobierno Vietnamita estableció unas duras restricciones a los comerciantes de etnia china, ya que temían que su país les usara para influir políticamente en Vietnam. A consecuencia de ello en 1978 cientos de miles de chinos huyeron a su país, muchos a través de la frontera (en bastantes casos teniendo que pagar el correspondiente soborno a los Oficiales comunistas) y otros menos adinerados en embarcaciones pobremente equipadas.

Grandes cantidades de vietnamitas también intentaban salir del país, pero como los países vecinos más cercanos, Laos y Camboya, también estaban sufriendo severos problemas económicos y políticos, la mayoría huía por mar. Estas personas, que a veces superaban las 50.000 al mes habitualmente tenían que renunciar a sus pertenencias personales para pagar el viaje a las mafias y sobornos, y muchos dejaban atrás a sus familiares, arriesgando su vida por salir del país en un pequeño bote o en una simple balsa.
Cuando la prensa internacional se hizo eco de la noticia, a estas personas se las empezó a conocer como “la gente de los botes”. (el fenómeno también incluyó a ciudadanos de Camboya y Laos que también escapaban de sus respectivos países)

Como estas embarcaciones eran muy pequeñas para poder soportar las tormentas del sur del Mar de China, cientos de estas personas murieron ahogadas, mientras que otras fallecieron a causa del hambre, la sed, los piratas o la exposición a los elementos. (La ONU estima que murieron de 200.000 a 400.000 personas en el mar)
También hubo muchos que rescatados por buques extranjeros en aguas internacionales llegaron sanos y salvos a pequeñas islas del sureste de Asia, pero algunos países como Malasia, Brunei, Indonesia y las Filipinas se negaron a aceptarlos argumentando que no disponían de medios y que sus naciones no habían contribuido a la crisis. Se cuentan casos de que las autoridades de Malasia giraban de nuevo los botes para que no se dirigieran a sus costas…

Finalmente la ayuda internacional, principalmente de los EE.UU y de la ONU permitió que en estos países vecinos y en Hong Kong se crearan campos de refugiados.

Cuando la gente de los botes llegaba a tierra tenían dificultades para establecerse, y muchos pasaron meses e incluso años en esos campos de refugiados. Países “ricos” como EE.UU, Canadá, Francia, Alemania, Israel o Australia incrementaron sus cuotas de inmigración para poder aceptar a los vietnamitas, pero tampoco dando la sensación de ser muy generosos para así no realizar un “efecto llamada” e involuntariamente incentivar a los vietnamitas que aún permanecían en su país a realizar ese peligroso viaje.

La salida de refugiados continuó hasta los primeros años de la década de los 80´, y la crisis no finalizó cuando las condiciones del país mejoraron. Además, las autoridades empezaron a permitir que su gente abandonara el país de forma legal, y en el año 2.000 se estima que dos millones de personas habían abandonado el país para empezar otra vida nueva.

Fuentes:
http://www.smithsonianmag.com/people-places/Children-of-the-Dust.html
http://en.wikipedia.org/wiki/Le_Duan
“La muerte en el arrozal” de Peter Scholl Latour
“Vietnam war Almanac” de Kevin Hillstrom
http://www.americanforeignrelations.com/O-W/The-Vietnam-War-and-Its-Impact-Refugees-and-boat-people.html
http://en.wikipedia.org/wiki/Boat_people


1 comentario so far
Deja un comentario

toda guerra deja secuelas malas, como militares no debemos medir las secuelas sino la valentia demostrada en cada batalla y el valor de los que participaron, pòrque nadie comprendera lo que se siente en el fragos de la batalla sino estuvo en una

Comentario por julio agudo




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