La última batalla


Padre Revilla
28 junio 2013, 13:20
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Eloy Gallego Escribano nació el 13 de septiembre de 1880 en Revilla Vallejera (Burgos). Siguiendo los pasos de su padre, Jerónimo Gallego, militar de carrera que alcanzó el grado de comandante, ingresó en el ejército en la promoción del 98. Tras proseguir con sus estudios de ingeniería y conseguir una buena formación, fue destinado como teniente a Santoña (Cantabria), donde llegaría a capitán. Era el año 1905.

El encubrimiento de una falta leve cometida por sus subordinados combinado con su carácter fuerte e independiente le originó una cascada de sanciones, siendo condenado a prisión y “ganándose” un destino a las Canarias.
En 1906 desengañado con la vida militar abandonó el ejército y se alistó en otra milicia, la del cielo.

En 1917 y con el hábito de los Franciscanos Capuchinos fue ordenado sacerdote, adoptando un nuevo nombre en honor a su madre, Emiliana Escribano, y de su pueblo. A partir de ahora se llamaría padre Emiliano María de Revilla.

Aprobó las oposiciones al Cuerpo Eclesiástico del Ejército y en 1919 manifestó su deseo de hacer un curso de observador de aeroplanos en Cuatro Vientos, y basándose en sus conocimientos de ingeniería y de aeronáutica, trabajar en un sistema para lograr estabilizar automáticamente los aparatos. El jefe de Aeronáutica le aceptó, pero al Vicario Castrense no le pareció una buena idea, ya que los capellanes ni volaban, ni inventaban nada.

En 1921 mientras se celebraban los 500 años del levantamiento de la Catedral de Burgos llegaron noticias del desastre de Annual. El Padre Revilla solicitó ser destinado como capellán castrense a Melilla. Al principio se lo denegaron y se encontró con un montón de pegas, pero el capuchino no hizo caso y viajó en avión desde Burgos a Melilla, donde se alistó en el Tercio como sacerdote de primera línea.

En África poco a poco fue ganándose la confianza de la tropa y la prensa empezó a publicar sus heroicidades, como cuando se presentó voluntario para recuperar y dar sepultura a los incontables cadáveres de soldados españoles que yacían tras más de dos meses a la intemperie entre Nador y Monte Arruit. Se trataba de cadáveres mutilados, saqueados, devorados por las alimañas y momificados por el sol.
Tras la correspondiente plegaria, una fosa común albergaría sus restos.

El 11 de noviembre de 1921 cinco mil españoles trataban de reconquistar las plazas de Tifasor y Yazanen, en el Gurugú Occidental. El enfrentamiento con los rifeños era terrible. Durante la retirada de los hombres de la 5ª Bandera de la Legión en Dar Drius las ordenes dadas por el Capitán Beorlegui eran claras, resistir a muerte. En ese momento una figura con hábito salió de su parapeto de un morabito como una centella para cargar al hombro con el legionario herido Félix Sonmastre, con el que regresó a las líneas legionarias.
Mientras silbaban las balas rifeñas y ante el asombro y gritos de los presentes, saltó de nuevo a por un segundo hombre. En esta ocasión el español estaba muerto, pero Revilla no dudó e intentó también cargar con él. El peso resultó excesivo y a medio camino tuvieron que salir a ayudarle.
En esta acción el padre Revilla recibió dos disparos, uno en el brazo y otro en la región lumbar.

Esa misma tarde, el General Sanjurjo recibió el informe que recogía la hazaña, y donde se proponía la Laureada de San Fernando para el capellán. El oficial que lo presentó era el Comandante Francisco Franco, que consideraba que la acción se ajustaba al reglamento.
El proceso para la concesión de la medalla fue lento y farragoso, pero al final el asuntó se enquistó y se desestimó la petición. En aquel entonces las presiones debían ser grandes, ya que las propias autoridades eclesiásticas quisieron separarlo de las actividades de auxilio en la guerra, y el cardenal Pedro Segura propuso a Miguel Primo de Rivera que le sancionase. Por su parte, la prensa amplificaba sus andanzas, que lo hicieron más popular que muchos mandos africanistas.

Otra acción digna de contar es que por su cuenta y riesgo medió en la liberación de los prisioneros que estaban en poder de Abd-el-Krim. Haciéndose pasar bien por francés, español, o monje, según le conviniera se internó junto con un criado en territorio enemigo, y sorteando numerosos peligros llegó a Axdir, cuartel general de Abd-el-Krim. Haciéndose pasar por representante del gobierno español recibió el ofrecimiento de canjear a los prisioneros por cuatro millones de pesetas.
De regreso a Melilla las autoridades mostraron poco interés por su gestión y los prisioneros no fueron liberados hasta un año después, cuando la mitad de ellos ya habían muerto a consecuencia del duro cautiverio. Este desdén desató las críticas de Revilla, tanto sobre el Gobierno como hacia la Monarquía


Revilla colocando la corbata con el emblema del Sagrado Corazón de Jesús en la bandera del Tercio al llegar al fortín de Ras-Medua, briosamente asaltado y tomado a bayoneta. A la derecha de la imagen vemos al entonces comandante Francisco Franco.

Poco después el capuchino hizo un intento de ayuda humanitaria fundando “Hispania”, una sociedad entre educativa y sanitaria para enfermos y desheredados. El ejército se lo impidió…
Revilla se estaba convirtiendo en una molestia con sus críticas y denuncias que además de al Gobierno ya la Monarquía alcanzaban a las autoridades eclesiásticas y al Ejército.
Finalmente, triste y desengañado en 1922 abandonó la disciplina castrense, y en un intentó por garantizar su seguridad personal se refugió en Portugal.

En 1932 y 1933, durante la República, y cuando el Padre Revilla se encontraba en Madrid, el semanario “Mundo Gráfico” publicó unas entrevistas realizadas por el periodista José Rico Estasen en las cuales dejaba entrever cierta simpatía a la República y reiterándose en sus viejas críticas del pasado.

En 1936 se encontraba en su pueblo cuidando de su anciana madre cuando se produjo el golpe de Estado. Burgos desde el principio se encontró en manos de los sublevados, y Revilla no tardó en denunciar los crímenes falangistas. Esta fama que arrastraba de molesto y de “cura rojo” le costó ser encarcelado en el penal de Burgos y el 4 de septiembre ser “paseado” y enterrado en la fosa común abierta en el término de La Legua, en el pueblo de Gumiel de Izán.
A comienzos de 1937, el “Abc” republicano pregonó su muerte, abrazado al crucifijo y gritando “¡Viva la República!”. Una escena muy poco verosímil…

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica y el historiador Juan Pando confirmaron hace dos años que entre los restos óseos de 59 personas hallados en La Legua se hallaba una pequeña cruz de plata dentro de una faltriquera de cuero raída por la humedad de la tierra….

Fuentes:

http://www.diariodeburgos.es/noticia.cfm/Vivir/20111127/heroe/martir/D91E689A-047F-1407-DA4B0C40A67ADA0B
http://florentinoareneros.blogspot.com.es/2012/06/vida-y-muerte-del-padre-revilla.html
http://elpais.com/diario/2011/07/11/espana/1310335213_850215.html
http://www.diariodeleon.es/noticias/afondo/habitos-de-tragedia_619169.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Emiliano_Mar%C3%ADa_Revilla
http://www.elmundo.es/ladh/numero157/todo3.html


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